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Terra
La Coctelera

El torneo de los siete mares

No era la mejor tarde del mundo aquella para jugar al fútbol, ni tampoco para verlo. Me encontraba sentado en la pequeña grada lateral(Descubierta, claro, al menos que uno llevara gorro) de uno de los campos de hierba del colegio Salesiano de mi barrio, a uno de cuyos equipo entrena(vale, es segundo entrenador en realidad, además de entrenador de porteros, medio delegado y el hombre del botiquín del equipo, pero viendo como lo vive…) mi amigo Pedro, famoso en su época de jugador por lo broncas que era, cosas de no saber perder...que me lo digan a mi, que he sido su compañero de mus durante mucho tiempo.

Pero no he venido a hablar aquí de mi amigo (ni de mi libro, no os preocupéis), sino de algo que me sucedió ese día.

Mientras me embutía aun mas en el chaquetón y me frotaba las manos para hacer frente al intenso frío( para un cartagenero al menos, que nosotros en cuando baja de quince grados estamos helados), y es que el ambiente no estaba demasiado caldeado(aunque, todo hay que decirlo, posiblemente había mas afluencia que en muchos partidos de la liga de estonia…), el equipo de mi amigo perdía (como casi siempre), los padres intentaban animar a sus hijos con cierto entusiasmo(seguramente alguno esperaba que el zagalico le sacara de pobre, pero viendo su manejo del balón, casi mejor que confiara en las quinielas…), y nuevos goles seguían lloviendo, en contra. Que merito tiene esto del fútbol aficionado, pensaba, aunque, tal vez mezquinamente, mi admiración iba más hacia los espectadores que a los chavales…

En ese momento termino el encuentro, algunos tímidos aplausos, carreras hacia el vestuario…mientras se vaciaban las gradas, ya que estábamos ahí, y como Pedrito aun tenia que firmar el acta, darles ánimos a los sus pupilos derrotados y demás zarandajas pospartido (la verdad, prefiero el tercer tiempo del Rugby), me decidí a quedarme viendo el siguiente enfrentamiento. Pero…no pude evitar la sorpresa cuando observe que lejos de la chiquillería del match anterior, quienes ahora ocupaban el terreno estaban algo pasaditos (de kilos y de años). Sobre el césped, con una uniformidad algo fantasiosa (las camisetas tenían mas o menos el mismo color, tirando a blanco en un equipo, a oscuro en el otro, pero no debía haber dos pantalones iguales, ni en color ni en talla), 14 jugadores, siete por escuadra. Y viéndoles, quedaba claro que debió haber sido complicado reunir ese numero, especialmente para el equipo oscuro, que contaba con un portero de unos 120 kilos (tirando por bajo), un par de defensas que debía rondar los sesenta(años) y que daban la impresión de tener la movilidad de Cannavaro y una delantera de impresión, mas que nada por las abundantes protuberancias mamarias (en tamaño, no en numero, que me estabais entendiendo, eh) de las que estaba dotada la la rubia jugadora. Y es que era un equipo mixto, había malos y peores. De eso me di cuenta cuanto a los 5 minutos perdían ya 2 a 0 (y porque para sacar de centro tardaban lo suyo).

A mi lado, antes de comenzar el partido, se había sentado un curioso personaje de espesa barba blanca y largos cabellos, tocado con una gorra blanca y engarzado en una tupida zamarra azul, con una muleta al lado, que se encargaba de amenizar el encuentro animando con entusiasmo a los cada vez mas atribulados chicos de oscuro.Era extranjero, de eso no cabía duda (ese Shit cuando el segundo gol…), y por esas cosas del aburrimiento y la curiosidad (y por eso de que éramos los dos únicos espectadores de la apasionante liza ) intente entablar conversación.

No fue fácil, por eso de que mi nivel de ingles es pobre (Aimsorrymaipuringlis, como les digo a los pobres britanicos que me preguntan por alguna dirección), y el suyo de castellano mas o menos similar (stupid cabrones y mas vocabulario del estilo sobre todo) pero con el idioma universal de los signos y el fútbol (¿Yuardanish?ah, Brondy, laursen, mortenorsen, laudrup, red dinamite, eurocup, butrragueño,mexico), pudimos iniciar un dialogo mas o menos coherente (mas bien menos). Y pude enterarme de quienes eran los aguerridos peloteros que estaban deleitándonos con su juego(es un decir, pero al menos le ponían ganas). Se trataba de las tripulaciones de dos buques, el Skandi Fjord, un petrolero de pabellón bahameño y tripulación mestiza (algunos nigerianos, que era de donde traían el petróleo, indonesios, oficiales noruegos y algún filipino despistado) y el navío donde mi “Amigo” el lobo de mar (marinero de primera clase, me dijo orgullosamente mientras se palmeaba vigorosamente el pecho) estaba embarcado, el buque tanque Stoc Petrea, de bandera sueca. Y lo que yo pensé que era un simple amistoso mas, resultaba ser uno mas del casi medio millar de partidos “oficiales” que formaban parte de una competición llamada el torneo de los siete mares. Según me explicaba el mismo estaba organizado por un comité deportivo de las gentes del mar (Seafarers, aunque en esos momentos yo creía que hablaba de alguna asociación de pirómanos marinos), y no solo existía competición de fútbol, sino de otras modalidades, como baloncesto, fútbol sala o tenis de mesa. Las reglas de puntuación eran algo complicadas, pero al parecer contaba cualquier resultado que se fuera obteniendo a lo largo del año(con un mínimo de seis encuentros para optar al titulo), contra cualquier barco en cualquier puerto, teniendo eso si que ser varios de ellos contra tripulaciones de distinta nacionalidad (nacionalidad de bandera, no de tripulación). El problema del Stoc Petrea, como me decía compungido el hombre, es que la tripulación era muy reducida, y encima el estaba lesionado( na patada de un jodido defensa búlgaro en Amberes, me pareció entender), y como solo miembros del mismo barco podían participar en el equipo…menos el cocinero camboyano, y este porque solo tenia una pierna, estaban jugando todos los tripulantes. Como me explico, el número de jugadores para que el partido fuera reconocido por el comité debía ser como mínimo de 7, el máximo de 11, era algo que tenían que ponerse de acuerdo antes de cada choque. Habían atracado aquella misma mañana en el muelle de Escombreras, la dársena industrial de Cartagena, junto a la refinería y los depósitos de gas natural, y rápidamente se habían puesto en contacto con la tripulación del otro buque, para intentar puntuar…pero no, y aquí me pareció verle sonrojarse, y no precisamente por el tercer tercio de cerveza que se estaba tomando, otro año mas iban a terminar sin ganar un solo partido, es mas, este año ni siquiera habían podido lograr un gol…en el tiempo que llevábamos conversando, sus compañeros habían recibido en cambio otros tres chicharros mas, y con este 5 a 0 termino la primera parte(de treinta minutos).

Me hubiera gustado seguir hablando con el hombre, pero en ese momento llego Pedro, y con pesar tuve que dejarlo, no sin antes desearle suerte. Quien sabe, tal vez otro día, en Rótterdam, Singapur, Estocolmo o Aruba, el Stoc Petrea ganaría un partido…tal vez.

Mientras marchábamos, aun le escuchaba tatarear la letra de Spanish Lady, seguramente dedicada en mi honor…o en el de alguna olvidada amiga de la noche que le hubiera prestado algún servicio, me dije, quien sabe.Casi tuve la esperanza, después de ese sucio pensamiento, que fuera el honor a ella…

Posdata: En realidad esta no es una historia real, pero tampoco se puede decir que sea completamente inventada…mi amigo Pedro existe, el campeonato de los siete mares también (de hecho leí sobre el hoy en una revista antigua, una reader digest de los años ochenta, y es lo que me dio pie a este pequeño cuento) y ciertamente, en alguna ocasión he mantenido alguna conversación de índole aun mas extraña con algún marino, de procedencia aun mas exótica (un tripulante de un submarino de la marina india, por ejemplo). Y por supuesto, el que también existe, como podéis ver en la foto superior, es el Stoc Petrea, ultimo clasificado de las ediciones 2006 y 2007 del torneo… no me negareis que no tienen merito sus tripulantes, cualquier otro hubiera dejado de participar, así que desde aquí, mi homenaje.

Un relato: La curiosa historia del soldado Ramelian

Había dos sitios libres en todo el “pub” (estaba yo entonces en tierras del sajón, así que espero se me disculpe el anglicismo). Uno quedaba junto a una rubia bastante pizpireta y el otro estaba al lado de un viejillo con una simpática cara parcialmente camuflada tras el oleaje de su pinta de cerveza.
Opte por sentarme junto al viejillo porque a la rubia le rodeaban varios armarios empotrados que de humano tenían el brillo de los ojos y de rapaces el resto de su apostura. Hay lugares y lugareños a los que mejor no tentar. Conque, entre anciano o susto, anciano.
Tal vez fuera por cómo me saludó, tal vez porque él estaba muerto de aburrimiento, o tal porque yo tenía que practicar mi inglés, comenzamos a hablar de esto y lo otro. Evidentemente esto eran las mujeres inglesas y lo otro las españolas. Hasta que, sin quererlo, me habló de las francesas que había conocido durante la Gran Guerra.
Craso error por su parte.
¿La Gran Guerra? -pregunté un tanto emocionado- ¿estuvo en ella?. Y sí, resultó que sí había estado en ella, del año 16 al día 11 del mes 11 a las 11 horas, me comentó radiante. Así es la historia: durante cuatro años millones de seres humanos se destriparon a mansalva, pero el pitido final del partido fue un encaje de bolillos pitagórico.
¿En las trincheras?. En las trincheras, sí. Y en los burdeles. No conocía Marsella o Burdeos, pero con la retahíla de nombres que me soltó podrían haberse escrito dos libros. Uno de grandes escenarios bélicos y otro de grandes escenarios lúdico-sexuales. Y así nos pasamos las siguientes dos horas, él hablándome como si fuera su nieto, y yo asombrándome como cuando mi abuelo me narraba su guerra civil.
Así, hasta que llegamos al soldado Ramelian, el hijo de un trotamundos armenio y una muchacha de Manchester.
Ramelian había estudiado con mi amigo, había jugado en su mismo equipo de fútbol amateur y, como no, se había alistado el mismo día para servir en la infantería. El Imperio y la Gloria, muchachos. Acabemos con esos “hunos” presuntuosos y cabezas cuadradas.
Lemas a parte, la idea que tenían por entonces los ingleses no era nada mala: un grupo de amigos combate mejor si se conocen de toda la vida que si hay que crear los lazos de camaradería ya debajo de las bombas. Así que, en lugar de poner a un chico de Manchester junto a dos de Londres y cinco de Bristol, lo que hicieron fue poner juntos a los amigos de un grupo de teatro, a los vecinos de una misma calle, o a los colegas de un equipo de críquet o, como fue el caso, a los de uno de fútbol.
Y la cosa funcionó bárbaramente al principio. El clima de compañerismo que existía entre aquellos soldados difícilmente se ha visto jamás y es muy poco probable que se pueda volver a ver. Pero el truco tenía una contra. Y la contra era despiadadamente salvaje.
Cuando el tercer batallón del Primero de Fusiles Galeses, por poner un ejemplo, saltaba la trinchera y se lanzaba a la carrera bajo fuego artillado contra un nido de ametralladoras alemán, por muy camaradas que fueran, perdía a tantos hombres como si se tratasen de chicos que jamás se hubiesen visto antes. Sin embargo, en lugar de morir un chico de Manchester, dos de Londres, en fin, ya sabéis… los que caían eran los once titulares del “Valiant F.C”, todos los chicos de la calle Victoria o la mitad del equipo de críquet del colegio King Eduard. Imaginad a los supervivientes del ataque. Imaginad una calle teñida de negro.
Pero en fin, esto se descubrió demasiado tarde y se reaccionó aún más lentamente. Desde luego después de que mi amigo, el soldado Ramelian y el resto de sus colegas hubiesen sido ya desplegados por entre el barro y las amapolas de la frontera franco-alemana. Y mirad, mal que bien, las primeras semanas, que siempre eran las peores, las pasaron todos juntos y sin grandes percances.
Y así les llegó su primer permiso. Y se fueron, claro, a uno de los innumerables lupanares cuyos nombres antes me había recitado.
Y en uno de ellos comenzó realmente todo.
Nadie se explica aún que narices pintaba una cíngara de esas que te leen las manos en medio de un burdel, pero allí estaba y a Ramelian le picó la curiosidad. No es que fuera un tipo muy arrojado, pero a base de sustos por lo visto había perdido el miedo, o gran parte, y no se le ocurrió preguntarle otra cosa a la buena pitonisa que cómo sería su funeral.
En las películas la música se hubiese parado de golpe y lumis y respetables parroquianos hubiesen mirado al interfecto como si del mismísimo hijo de satanás se tratase. Pero aquello era Francia, aquello era la guerra, y encima estaban lo suficientemente rodeados de corpiños y curvas como para prestar demasiada atención a tan díscola consulta.
La adivina lo miró, aún así, como quien mira a un fantasma, pero oyes, allá los vicios de cada cuál si los pagan. Tiró las cartas y se quedó muy asombrada. Un rey, le dijo, un rey acudirá a tu funeral. Y miles de personas. Y las princesas lloraran. Y el pueblo llorará. Solo tus amigos sonreirán.
A Ramelian la cosa le hizo gracia. Hasta eso de que sus amigos sonreirían. Pagó y se marchó tan campante. Y así, de una forma tan tonta y extravagante, empezó a forjarse el mito.
Al día siguiente tocó resaca, pero al siguiente, ya entre el barro y las ratas, Ramelian contó su historia a los demás. Muchos le llamaron loco por preguntar esas cosas, y los más, con mucha sorna, empezaron a llamarle “príncipe”. A ver sino porqué iba a llorar una princesa su perdida. Pero a Ramelian todas esas burlas le traían sin cuidado. Él sobreviviría y se casaría con una princesa.
A los días le siguieron las semanas y a estas la enésima ofensiva para lograr a victoria final. Ramelian había pasado este tiempo sin sufrir un rasguño, pero también era cierto que de su batallón el único que había muerto se lo había llevado la disentería. Así era la guerra, en unos sectores morían por millares y en otros hasta se podía dormir en paz.
La ofensiva, como siempre, empezó con una semana larga de fuego de artillería. Después, silbido, pie a la escalinata, rodilla al barro y a correr entre cráteres y lodo como conejos hasta llegar a las posiciones de los “hunos”. Lo de siempre, vamos.
Pero esta vez, novedad, o los alemanes habían traído unos cañones nuevos, o los tenían más cerca, o el diablo sabrá, el caso es que la ración de cañonazos les vino a llover justo en los primeros diez metros de carrera, cuando más juntos y apretados iban todos.
Cómo el cabo Ryan pudo verlo con la que les estaba cayendo fue todo un misterio, aunque él jurase por sus muertos que no mentía. El caso es que como tampoco era el único que lo afirmaba, hubo que creérselo. Por muy raro que sonase. Y es que no era para menos, ya que más de diez soldados, además del cabo, juraban haber visto como al pobre Ramelian le había caído a menos de dos pies un proyectil y no había pasado nada. ¿Nada?. Bueno, sí, había puesto perdidos de barro a Ramelian y a todos los que estaban a su lado, pero salvo por eso, nada. Ni rasguños siquiera. Desde luego nada parecido a un proyectil había estallado allí.
La bola había comenzado a rodar y al poco ya nadie la podía detener. Ramelian, a los tres días, había sobrevivido a dos proyectiles. A los seis había tomado un nido de ametralladoras a mordiscos. Y a los doce había pegado un tiro entre ceja y ceja al mismo Kaiser Guillermo.
La tropa, claro, no se creyó esto último. Y muchos dudan del mordisqueo del nido de ametralladoras. Pero algo hay que creer en determinadas ocasiones, y en aquella, en aquel infierno, tocó creer en Ramelian.
Desde ese día, que al final había resultado tan glorioso y tan cercano a la victoria como los anteriores, Ramelian se convirtió en el muchacho más célebre del sector. Precisamente ahora que ya nadie le llamaba “príncipe” podría pensarse que lo era en realidad por el trato que recibía de todos sus compañeros.
Hasta el punto de que el teniente dejó de mandarle de excursión a cortar alambradas, ya que los otros tres a los que les tocara acompañarle iban tan pegados a él que estaba claro que era más seguro mandar a un elefante con un cortaúñas que a esa amalgama de Ramelian rebozado en soldados. Sencillamente, pasaba turno cuando le tocaba a Ramelian.
Y durante seis meses Ramelian pasó por el frente como un verdadero príncipe. Ni un solo arañazo. Ni él, ni ninguno de sus camaradas. Y hasta había quien afirmaba que ni las pulgas osaban tocarle.
Hasta que llegó el día doce de marzo de 1918.
Ese día tocaba traer provisiones, y dado que la comida siempre ha sido sagrada y Ramelian era intocable, de nuevo le ordenaron a él ir a escoltar a la carreta de las provisiones. Ramelian iba encantado, claro. Todo lo que fuera ir en dirección opuesta a los alemanes era una bendición. Además el día era claro y limpio, ya de primavera. Así que partió.
Tan solo fue un silbido. Tal vez un artillero alemán aburrido. Una mancha volando sobre las cabezas de todos y una explosión unos metros tras sus nucas. Y luego solo humo y olor a pólvora y carne asada. Tan solo eso, olor, fue lo que quedó de la carreta de provisiones, sus dos conductores y, claro, el soldado Ramelian encargado de su escolta.
Aunque se buscaron restos, el impacto había sido tan directo que nadie vio nada mayor a una astilla, así que, cavaron una fosa allí cerca y, con mucho respeto, enterraron juntos los trocitos que encontraron del carro, los caballos y los tres hombres que en él iban.
Fue un duro golpe para todos, que duda cabe. Ramelian se había llegado a convertir en un mito, en una esperanza. Saber que ni él había resultado ser inmortal, aunque esto fuese lo lógico, sentó como una noche de cañonazos.
Pero al final la guerra llegó a su final, y mi amigo volvió a Manchester. Y no se podía quejar. De los quince que habían partido regresaban siete. Y, sonriendo, me comentó que aún dos seguían con vida a fecha de aquel día en el que ambos bebíamos cerveza. Aunque, eso sí, uno medio loco y el otro medio sordo.
Un día, tiempo después, oyeron que en Londres se celebraría un funeral de Estado por todos los caídos en la guerra. Habían dejado a tantos viejos amigos allí, que ninguno dudó un instante en tomar el tren y presentarse en la capital del Imperio por el que tanto habían sufrido.
La ciudad estaba impresionantemente engalanada para la ocasión, y por supuesto ni el rey ni ningún miembro de su familia habían osado faltar a la cita. Y en el centro de todo, en el centro de todos, un coche fúnebre que, decían, transportaba los restos de uno de tantos caídos en la guerra. Un anónimo, un desconocido, algo que nunca antes se había hecho porque nunca antes se había sufrido una guerra como aquella.
Y allí, en ese momento, mientras todo Londres lloraba a aquel soldado desconocido, “el viejo Rodney” golpeó suavemente el hombro de mi amigo y le dijo: “¿sabes quién va en ese coche?. Nuestro camarada Ramelian, no lo dudes”.
Y allí, mientras todo Londres lloraba a aquel soldado desconocido, los amigos de Ramelian sonrieron por su amigo.

Os cuento esto porque hoy le he escrito a aquel viejo amigo que me contó esta historia. Vive aún, con más de cien años, en un asilo del sur, y aunque ya no puede contestarme las felicitaciones navideñas, cuenta con una enfermera que lo hace por él y que me dice como le va. Y no le va mal, todo hay que decirlo. Y aunque nunca la he visto, espero que aquella enfermera se parezca a esas de las que hablamos aquella tarde en aquel “pub”.

Yo, Yuste

Foto del Año Unicef

Esta foto(vista en El País ) ha ganado el premio UNICEF a la mejor fotografia.

Lo que haria con el maldito degenerado del "Marido", no lo tengo demasiado claro, pero con el padre de la niña...se me ocurren una multitud de cosas.

En fin, que viva el multiculturalismo, si es eso lo que entienden algunos por respetar las "distintas" costumbres...

Sobre Clara Campoamor

Tras leer hoy lo del "Homenaje " que van a dar a Clara Campoamor en el congreso, os dejo lo que escribi hace mas de dos años sobre el tema, siempre es bueno mostrar la verdadera cara de determinadas figuras...

El cura la lia

Curioso lo de este pueblo Mexicano con su Cura...

Los vecinos del pueblo mexicano de Zempoala (centro) se rebelaron contra el sacerdote de la localidad, al que acusaron de tener una actitud ofensiva, revelar secretos de confesión e incluso de robar arte sacro y amenazaron con lincharlo si volvía a su iglesia, informó este lunes el diario Reforma.

"El padre nos exhibe durante la homilía, nos regaña de una manera muy grosera, nos humilla", dijo al periódico uno de los habitantes de Zempoala que desde la noche del sábado tomaron la iglesia para detener a su llegada al clérigo Francisco Xavier López.

"A los ancianos les ha dicho que para que ya no roben oxígeno mejor se den un balazo y cuando alguien se confiesa en la misa revela lo que la persona le ha dicho en secreto de confesión", añadió el vecino, indignado.

Los pobladores se reunieron en la plaza principal armados con cadenas y piedras para exponer los abusos del cura, lo que obligó a que la Policía se presentase en la zona para evitar incidentes.

Al parecer, la última ofensa del párroco, que desencadenó la crisis, fue cuando se negó a dar la bendición a un difunto, molesto porque habían abierto el ataúd.

Los inconformes con el sacerdote le acusaron incluso de haber robado objetos de arte de la iglesia del pueblo y de otros tempolos de la zona, de los que ha estado a cargo.

"Ya no queremos verlo por aquí, si regresa no vamos a responder por lo que le suceda, ya estamos cansados de tantos abusos y groserías, actúa con mucha prepotencia y sus sermones son muy vulgares, no tienen respeto por nada", amenazaron los vecinos

demagogia barata

En serio, me gustaria saber que nivel mental cree que tenemos los lectores el periodico gratuito QUE, después de ver este titular en portada...no, no se trata de discutir si cambio climatico si o no, simplemente que lo de mezclar churras con merinas, la falta de seriedad y rigor, es absolutamente contraproducente en estos temas, porque puede provocar que la gente se lo tome a guasa o piense que es todo mentira(es que al final se va a acusar al cambio climatico de la muerte de manolete, al tiempo). Por favor, en este, como en otros temas, un poco de respeto a la inteligencia, si se quiere que la gente se implique, que se la trate como seres con cerebros.

Por cierto, donde pone foto de La Manga, me gustaria saber de que zona de La Manga, porque esa montaña del fondo, y todos esos arboles que se ven, desde luego no son de alli, ni de ayer(precisamente ayer andaba yo por La Manga, y si, como bañarse se podia bañar quien quisiera, pero precisamente no hacia precisamente tiempo para ello, es como si por esos siberianos locos que se bañan con -25 grados, se dijera, ¡la gente se baña en siberia en invierno¡

En fin, si nos siguen tratando como imbeciles, y nadie dice nada, es que igual, es lo que nos merecemos.

¿POR QUE NO TE CALLAS?

Pese a haber vivido y vivir en países republicanos (y por lo tanto, no conocer otro tipo de sistema), sólo puedo agradecer y aplaudir el gesto del Su Majestad Dn. Juan Carlos I al ordenar silencio a un patán prepotente, bravucón, falto de maneras y de clase, de cultura limitadísima y como todo fanfarrón, cobarde (según sus más directos allegados... aquí en Venezuela se le conoce como el "héroe del Museo Militar", por quedarse timorato y dubitativo, dentro del museo mientras las tropas leales desbarataban su intentona golpista).

Para alguien como yo que he debido de pasar vergüenzas ajenas de varios presidentes (desde un Alan García cantando rancheras en la Plaza Garibaldi, con banda presidencial; hasta un Fujimori bañandose bailando grotescamente, ataviado de nativo cuzqueño), y vivir, al igual que millones de otros venezolanos, de semana en semana, las agresiones de un individuo como H.R. Chávez Frías a causa de mi alineación política (soy liberal, por lo tanto me califican de "golpista", "fascista"; ocasionalmente escribo en un periodioc, por lo que soy "terrosista mediático") mi religión (he sido bautizado en la religión católica-romana, por lo que debo de soportar insultos como "el nazi Benedicto"), mi ocupación (soy dentista con especialidad, por lo que me califican de "ladrón con bata") y mi nacionalidad (soy peruano, por lo que soy un "extranjero traidor y malagradecido, ¿qué cñ haces en Venezuela?"), el "¿por qué no te callas?" real es una frase que debe reverberar en las cabezas de todos los demócratas de verdad en Venezuela.

¿Por qué no te callas? Y dejas de insultar a los que tienen pensamientos diferentes, incluso a los salidos de tu propia cantera.

¿Por qué no te callas? Y dejas de mentir al pobre pueblo al que mantienes en la ignorancia y chantajeas con limosnas que no resuelven su situación y de paso les roba la dignidad pues las dadivas no son a cambio de trabajo, convirtiéndolos efectivamente en mendigos.

¿Por qué no te callas? Y dejas de alimentar con un verbo incendiario las pasiones de las hordas engañadas que desde el ejecutivo promueves, organizas y armas, alentando el odio social, la envidia al éxito y la fobia al bienestar conseguido con trabajo.

¿Por qué no te callas? Y dejas de entrometerte en los asuntos internos de Colombia, Perú, Méjico, Ecuador, Bolivia, Nicaragua otros países más.

¿Por qué no te callas? Y dejas de ofrecer sangre venezolana para defender regimenes tan aberrantes como el de los ayatollahs iraníes.

¿Por qué no te callas? Y dejas de buscar la confrontación con los EUA, porque más de un irresponsable ha causado centeneras de miles de muertos y desvastaciones de paises enfrentándose a adversarios cuya potencia malcalcula.

Su Majestad Don Juan Carlos, gracias desde una cada vez más pauperizada Caracas, de un peruano que haciendo suyas las palabras de mi paisano Vizcardo y Guzmán, firma como un "español americano".

Pukel

Gente libre en una tierra libre

el hogar de los libros perdidos(y VI)

Continuando un post clasico que llego a su quinta edicion, vuelvo con la sexta entrega.

Después de mucho tiempo sin acercarme por la biblioteca, hoy que pasaba por casualidad, cai , satisfecho como un buitre sobre la carroña, sobre un puñado de libros que esperaban ser recogidos, animalicos...

Y lo confieso, casi sufro un orgasmo al divisar el primer libro del monton, "El jardin de los Dioses", de Gerald Durrell. Y claro, no pude evitarlo, despues de ver algun libro mas suyo en el lugar.

En fin, despues de limpiar aquello un poco, saquee discretamente la pira de libros(el limite por persona para llevarse son tres, pero haciendole coger a mi madre algunos, y con la complicidad de la simpatica bibliotecaria, fueron 10 los salvados de caer en manos indecentes.

Estos:

-El jardin de los dioses, de Gerald Durrell (La tercera parte de la trilogia de Corfu, algun dia conseguire los otros dos, mi familia y otros animales, y bichos y demas familia).

-Tierra de Murmullos, de Gerald Durell(este, en los años que lleva abierta la biblioteca, solo lo sacaron 3 personas, una de ellas dos veces, yo).

-Los viajes de gulliver, de Jonathan Switft(me parece que no tenia hasta ahora la version completa, si acaso la tengo, lo regalare).

-Los devoradores de hombres de Tsavo, de John henry Patterson, sobre la que hace unos años se hizo una pelicula, los demonios de la noche.

-Despues cinco biografias, las de Edison,san pablo,darwin,hernan cortes y san juan de la cruz, varias de ellas sin abrir siquiera....que cosas.

-El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.

-geografia de los mares(recordando los tiempos de la carrera)

En fin, creo que solo el haber pillado algun libro de Pratchett(y asi asi), me hubiera alegrado mas que lo de Durrell, tendremos que volver dentro de un tiempo, a ver si las presas vuelven a aparecer...