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La Coctelera

Principado de Dalnia

Estado(nacion)virtual asociado transversal y simetricamente al Reino de España

Categoría: lecturas,citas e historia

31 Diciembre 2007

Un relato: La curiosa historia del soldado Ramelian

Había dos sitios libres en todo el “pub” (estaba yo entonces en tierras del sajón, así que espero se me disculpe el anglicismo). Uno quedaba junto a una rubia bastante pizpireta y el otro estaba al lado de un viejillo con una simpática cara parcialmente camuflada tras el oleaje de su pinta de cerveza.
Opte por sentarme junto al viejillo porque a la rubia le rodeaban varios armarios empotrados que de humano tenían el brillo de los ojos y de rapaces el resto de su apostura. Hay lugares y lugareños a los que mejor no tentar. Conque, entre anciano o susto, anciano.
Tal vez fuera por cómo me saludó, tal vez porque él estaba muerto de aburrimiento, o tal porque yo tenía que practicar mi inglés, comenzamos a hablar de esto y lo otro. Evidentemente esto eran las mujeres inglesas y lo otro las españolas. Hasta que, sin quererlo, me habló de las francesas que había conocido durante la Gran Guerra.
Craso error por su parte.
¿La Gran Guerra? -pregunté un tanto emocionado- ¿estuvo en ella?. Y sí, resultó que sí había estado en ella, del año 16 al día 11 del mes 11 a las 11 horas, me comentó radiante. Así es la historia: durante cuatro años millones de seres humanos se destriparon a mansalva, pero el pitido final del partido fue un encaje de bolillos pitagórico.
¿En las trincheras?. En las trincheras, sí. Y en los burdeles. No conocía Marsella o Burdeos, pero con la retahíla de nombres que me soltó podrían haberse escrito dos libros. Uno de grandes escenarios bélicos y otro de grandes escenarios lúdico-sexuales. Y así nos pasamos las siguientes dos horas, él hablándome como si fuera su nieto, y yo asombrándome como cuando mi abuelo me narraba su guerra civil.
Así, hasta que llegamos al soldado Ramelian, el hijo de un trotamundos armenio y una muchacha de Manchester.
Ramelian había estudiado con mi amigo, había jugado en su mismo equipo de fútbol amateur y, como no, se había alistado el mismo día para servir en la infantería. El Imperio y la Gloria, muchachos. Acabemos con esos “hunos” presuntuosos y cabezas cuadradas.
Lemas a parte, la idea que tenían por entonces los ingleses no era nada mala: un grupo de amigos combate mejor si se conocen de toda la vida que si hay que crear los lazos de camaradería ya debajo de las bombas. Así que, en lugar de poner a un chico de Manchester junto a dos de Londres y cinco de Bristol, lo que hicieron fue poner juntos a los amigos de un grupo de teatro, a los vecinos de una misma calle, o a los colegas de un equipo de críquet o, como fue el caso, a los de uno de fútbol.
Y la cosa funcionó bárbaramente al principio. El clima de compañerismo que existía entre aquellos soldados difícilmente se ha visto jamás y es muy poco probable que se pueda volver a ver. Pero el truco tenía una contra. Y la contra era despiadadamente salvaje.
Cuando el tercer batallón del Primero de Fusiles Galeses, por poner un ejemplo, saltaba la trinchera y se lanzaba a la carrera bajo fuego artillado contra un nido de ametralladoras alemán, por muy camaradas que fueran, perdía a tantos hombres como si se tratasen de chicos que jamás se hubiesen visto antes. Sin embargo, en lugar de morir un chico de Manchester, dos de Londres, en fin, ya sabéis… los que caían eran los once titulares del “Valiant F.C”, todos los chicos de la calle Victoria o la mitad del equipo de críquet del colegio King Eduard. Imaginad a los supervivientes del ataque. Imaginad una calle teñida de negro.
Pero en fin, esto se descubrió demasiado tarde y se reaccionó aún más lentamente. Desde luego después de que mi amigo, el soldado Ramelian y el resto de sus colegas hubiesen sido ya desplegados por entre el barro y las amapolas de la frontera franco-alemana. Y mirad, mal que bien, las primeras semanas, que siempre eran las peores, las pasaron todos juntos y sin grandes percances.
Y así les llegó su primer permiso. Y se fueron, claro, a uno de los innumerables lupanares cuyos nombres antes me había recitado.
Y en uno de ellos comenzó realmente todo.
Nadie se explica aún que narices pintaba una cíngara de esas que te leen las manos en medio de un burdel, pero allí estaba y a Ramelian le picó la curiosidad. No es que fuera un tipo muy arrojado, pero a base de sustos por lo visto había perdido el miedo, o gran parte, y no se le ocurrió preguntarle otra cosa a la buena pitonisa que cómo sería su funeral.
En las películas la música se hubiese parado de golpe y lumis y respetables parroquianos hubiesen mirado al interfecto como si del mismísimo hijo de satanás se tratase. Pero aquello era Francia, aquello era la guerra, y encima estaban lo suficientemente rodeados de corpiños y curvas como para prestar demasiada atención a tan díscola consulta.
La adivina lo miró, aún así, como quien mira a un fantasma, pero oyes, allá los vicios de cada cuál si los pagan. Tiró las cartas y se quedó muy asombrada. Un rey, le dijo, un rey acudirá a tu funeral. Y miles de personas. Y las princesas lloraran. Y el pueblo llorará. Solo tus amigos sonreirán.
A Ramelian la cosa le hizo gracia. Hasta eso de que sus amigos sonreirían. Pagó y se marchó tan campante. Y así, de una forma tan tonta y extravagante, empezó a forjarse el mito.
Al día siguiente tocó resaca, pero al siguiente, ya entre el barro y las ratas, Ramelian contó su historia a los demás. Muchos le llamaron loco por preguntar esas cosas, y los más, con mucha sorna, empezaron a llamarle “príncipe”. A ver sino porqué iba a llorar una princesa su perdida. Pero a Ramelian todas esas burlas le traían sin cuidado. Él sobreviviría y se casaría con una princesa.
A los días le siguieron las semanas y a estas la enésima ofensiva para lograr a victoria final. Ramelian había pasado este tiempo sin sufrir un rasguño, pero también era cierto que de su batallón el único que había muerto se lo había llevado la disentería. Así era la guerra, en unos sectores morían por millares y en otros hasta se podía dormir en paz.
La ofensiva, como siempre, empezó con una semana larga de fuego de artillería. Después, silbido, pie a la escalinata, rodilla al barro y a correr entre cráteres y lodo como conejos hasta llegar a las posiciones de los “hunos”. Lo de siempre, vamos.
Pero esta vez, novedad, o los alemanes habían traído unos cañones nuevos, o los tenían más cerca, o el diablo sabrá, el caso es que la ración de cañonazos les vino a llover justo en los primeros diez metros de carrera, cuando más juntos y apretados iban todos.
Cómo el cabo Ryan pudo verlo con la que les estaba cayendo fue todo un misterio, aunque él jurase por sus muertos que no mentía. El caso es que como tampoco era el único que lo afirmaba, hubo que creérselo. Por muy raro que sonase. Y es que no era para menos, ya que más de diez soldados, además del cabo, juraban haber visto como al pobre Ramelian le había caído a menos de dos pies un proyectil y no había pasado nada. ¿Nada?. Bueno, sí, había puesto perdidos de barro a Ramelian y a todos los que estaban a su lado, pero salvo por eso, nada. Ni rasguños siquiera. Desde luego nada parecido a un proyectil había estallado allí.
La bola había comenzado a rodar y al poco ya nadie la podía detener. Ramelian, a los tres días, había sobrevivido a dos proyectiles. A los seis había tomado un nido de ametralladoras a mordiscos. Y a los doce había pegado un tiro entre ceja y ceja al mismo Kaiser Guillermo.
La tropa, claro, no se creyó esto último. Y muchos dudan del mordisqueo del nido de ametralladoras. Pero algo hay que creer en determinadas ocasiones, y en aquella, en aquel infierno, tocó creer en Ramelian.
Desde ese día, que al final había resultado tan glorioso y tan cercano a la victoria como los anteriores, Ramelian se convirtió en el muchacho más célebre del sector. Precisamente ahora que ya nadie le llamaba “príncipe” podría pensarse que lo era en realidad por el trato que recibía de todos sus compañeros.
Hasta el punto de que el teniente dejó de mandarle de excursión a cortar alambradas, ya que los otros tres a los que les tocara acompañarle iban tan pegados a él que estaba claro que era más seguro mandar a un elefante con un cortaúñas que a esa amalgama de Ramelian rebozado en soldados. Sencillamente, pasaba turno cuando le tocaba a Ramelian.
Y durante seis meses Ramelian pasó por el frente como un verdadero príncipe. Ni un solo arañazo. Ni él, ni ninguno de sus camaradas. Y hasta había quien afirmaba que ni las pulgas osaban tocarle.
Hasta que llegó el día doce de marzo de 1918.
Ese día tocaba traer provisiones, y dado que la comida siempre ha sido sagrada y Ramelian era intocable, de nuevo le ordenaron a él ir a escoltar a la carreta de las provisiones. Ramelian iba encantado, claro. Todo lo que fuera ir en dirección opuesta a los alemanes era una bendición. Además el día era claro y limpio, ya de primavera. Así que partió.
Tan solo fue un silbido. Tal vez un artillero alemán aburrido. Una mancha volando sobre las cabezas de todos y una explosión unos metros tras sus nucas. Y luego solo humo y olor a pólvora y carne asada. Tan solo eso, olor, fue lo que quedó de la carreta de provisiones, sus dos conductores y, claro, el soldado Ramelian encargado de su escolta.
Aunque se buscaron restos, el impacto había sido tan directo que nadie vio nada mayor a una astilla, así que, cavaron una fosa allí cerca y, con mucho respeto, enterraron juntos los trocitos que encontraron del carro, los caballos y los tres hombres que en él iban.
Fue un duro golpe para todos, que duda cabe. Ramelian se había llegado a convertir en un mito, en una esperanza. Saber que ni él había resultado ser inmortal, aunque esto fuese lo lógico, sentó como una noche de cañonazos.
Pero al final la guerra llegó a su final, y mi amigo volvió a Manchester. Y no se podía quejar. De los quince que habían partido regresaban siete. Y, sonriendo, me comentó que aún dos seguían con vida a fecha de aquel día en el que ambos bebíamos cerveza. Aunque, eso sí, uno medio loco y el otro medio sordo.
Un día, tiempo después, oyeron que en Londres se celebraría un funeral de Estado por todos los caídos en la guerra. Habían dejado a tantos viejos amigos allí, que ninguno dudó un instante en tomar el tren y presentarse en la capital del Imperio por el que tanto habían sufrido.
La ciudad estaba impresionantemente engalanada para la ocasión, y por supuesto ni el rey ni ningún miembro de su familia habían osado faltar a la cita. Y en el centro de todo, en el centro de todos, un coche fúnebre que, decían, transportaba los restos de uno de tantos caídos en la guerra. Un anónimo, un desconocido, algo que nunca antes se había hecho porque nunca antes se había sufrido una guerra como aquella.
Y allí, en ese momento, mientras todo Londres lloraba a aquel soldado desconocido, “el viejo Rodney” golpeó suavemente el hombro de mi amigo y le dijo: “¿sabes quién va en ese coche?. Nuestro camarada Ramelian, no lo dudes”.
Y allí, mientras todo Londres lloraba a aquel soldado desconocido, los amigos de Ramelian sonrieron por su amigo.

Os cuento esto porque hoy le he escrito a aquel viejo amigo que me contó esta historia. Vive aún, con más de cien años, en un asilo del sur, y aunque ya no puede contestarme las felicitaciones navideñas, cuenta con una enfermera que lo hace por él y que me dice como le va. Y no le va mal, todo hay que decirlo. Y aunque nunca la he visto, espero que aquella enfermera se parezca a esas de las que hablamos aquella tarde en aquel “pub”.

Yo, Yuste

Tags: yustadas

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16 Diciembre 2007

Sobre Clara Campoamor

Tras leer hoy lo del "Homenaje " que van a dar a Clara Campoamor en el congreso, os dejo lo que escribi hace mas de dos años sobre el tema, siempre es bueno mostrar la verdadera cara de determinadas figuras...

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21 Septiembre 2007

Con un par

A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi-miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari

Emilio Salgari , en su nota de suicidio.

Tags: salgari

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20 Septiembre 2007

Historia: El año en que los EE.UU. le declararon la guerra al Reino Unido

A comienzos del s. XIX, sin llegar a ser un Shangri-La de lujos y comodidades, lo cierto es que cualquier barco de las compañías navieras de la joven república de los EE.UU ofrecía unas condiciones laborales infinitamente mejores que las que se observaban en los buques británicos o españoles de la época. No era raro, por tanto, ver enrolados a marineros extranjeros, ingleses en su mayoría, en una proporción muy superior a la que se daba en flotas con otros pabellones.

Por otra parte la época, con Europa desangrándose por las guerras napoleónicas y sedienta de todo tipo de materias primas, suponía para estas compañías una enorme posibilidad para ganar dinero rápidamente. A cambio eso sí, de enfrentarse a un “pequeño” inconveniente: el bloqueo naval al que la armada británica sometía al continente, y especialmente a la Francia de Napoleón, la principal cliente de estos barcos.

Este bloqueo no se limitaba únicamente a la incautación de los bienes de los barcos que fuesen abordados tratando de romperlo, sino también al “secuestro” de sus tripulantes, en principio si eran de origen inglés. Desde hacia siglos la Armada podía hacer levas entre, en principio, los ociosos y los vagabundos, para completar las tripulaciones de sus barcos. Sin embargo, aplicando con suma laxitud esta norma, la Armada no dudaba en “reclutar” a todo aquel desprevenido que se cruzase en su camino, ya fuesen marineros recién llegados a puerto tras cumplir su servicio, obreros camino de sus oficios, y como no, marineros ingleses enrolados en barcos yanquis.

EE.UU. consideraba esto como una provocación, más aún cuando se sabía que para muchos capitanes británicos los marineros norteamericanos eran también “ingleses” y no dudaban en “secuestrarlos” igualmente. Sin embargo, los sucesivos presidentes que siguieron a Washington eran conscientes de que tenían todas las de perder si limpiaban su honor con una nueva guerra contra los británicos. E igualmente, los armadores de Nueva Inglaterra, dueños de la mayoría de las compañías navales, preferían mirar hacia otro lado y seguir arriesgando a contrabandear con los franceses que jugárselo al todo contra el todo enfrentándose a la armada más poderosa del mundo. Y si no, siempre tendrían tiempo de reinvertir sus beneficios en la naciente industria del país.

Sin embargo no todos los norteamericanos compartían esa visión pacifista. Varios políticos y militares, conocidos como los “halcones guerreros” aseguraban que había que darle una lección a los ingleses. Napoleón campaba a sus anchas por el viejo continente, y la guerra naval británica, aunque efectiva, resultaba terriblemente costosa. Era, creían, cuestión de meses que la Corona acabase derrotada o arruinada. Además aseguraban que con lo mal protegidas que estaban las ciudades del Canadá, apoderarse de ese inmenso territorio era cuestión de seis semanas.

Paralelamente, en Indiana, un jefe indio, Tecunseh, y su hijo, conscientes de que a base de alcohol y baratijas, los colonos yanquis estaban desposeyendo a su pueblo de sus tierras, planearon una estrategia para revertir esta situación. Eran conscientes de que la guerra era impensable, sin embargo, promovieron entre los suyos la abstinencia y fomentaron la idea de no vender a cualquier precio las tierras, logrando en poco tiempo que se estancara este proceso.

Alarmado, al gobernador del territorio, el general William Henry Harrison, no se le ocurrió mejor idea que mejor idea que “comprar” el territorio de caza de Tecunseh y tomar posesión de él al mando de una columna militar. Los nativos se opusieron, pero los hombres de Harrison, mucho mejor armados, provocaron una masacre entre sus filas. Para evitar las responsabilidades por este atropello, aseguró que los ingleses estaban detrás de todo y que los indios no eran sino sus marionetas.

Los ingleses eran inocentes, hoy lo sabemos, pero este bulo sumado a la simpatía que sentía la nación por Napoleón, que astutamente les había casi regalado años atrás la indenfendible Luisiana, y a la renuncia del pacifista Jefferson a presentarse a un tercer mandato, siendo sustituido por el más maleable Madison, provocó un clima de creciente belicosidad contra la antigua metrópoli. La gota que colmó el vaso de la paciencia yanqui fue el asalto británico del buque “Chesapeake”: el 18 de junio de 1812 los EE.UU. le declaraban formalmente la guerra al Reino Unido.

EE.UU contaba con todas las ventajas: más soldados en el terreno, un solo frente en el que luchar mientras los británicos aún estaban persiguiendo a los franceses por Europa, y unas ciudades mejor preparadas para defenderse de posibles contraataques que las que los ingleses tenían en el Canadá.

Sin embargo todo fue de mal en peor. Los soldados yanquis, tras los primeros éxitos, fueron rechazados a lo largo de todo el frente canadiense –de la costa a los Grandes Lagos- mientras la flota británica, salvo por algún contratiempo hábilmente publicitado, se hizo con el control de las aguas con total autoridad.

Y aún fueron a peor cuando Napoleón fue finalmente derrotado. Poco tiempo después, 5000 soldados fogueados en Europa desembarcaban cerca de la capital, Washington, y se encaminaban tranquilamente a ésta tras repeler la débil resistencia inicial. El gobierno en pleno abandonó la ciudad dejándola a expensas del enemigo que tardó minutos en tomarse cumplida venganza del incendio que había sufrido York –Toronto- y prendió fuego a todos los edificios significativos de la ciudad como la Casa Blanca o el Capitolio.

Una suerte similar correrían otras localidades costeras como Baltimore que fue bombardeada en septiembre. Precisamente allí, viendo ondear sobre las llamas la bandera de las barras y estrellas en el fuerte McHenry, se le ocurrió a Francis Scott Keys la letra del actual himno de los EEUU.

Desde luego una imagen evocadora para componer un himno, aunque no tanto para continuar una guerra. Finalmente, cautivos y desarmados como diría aquel, las autoridades norteamericanas se vieron obligadas a solicitar la paz, que se firmaría en el mes de diciembre de 1814 en Gante.

Hoy día en los EE.UU. y ya casi doscientos años después, las causas y las vicisitudes de esta guerra han sido prácticamente olvidadas o parcialmente maquilladas, hasta el punto de que son pocos los que conocen qué ocurrió durante la única guerra internacional que se ha librado en suelo norteamericano desde su independencia. Igualmente, los británicos, agradecidos por la ayuda yanqui en las dos últimas guerra mundiales, no suelen hacer mucho caso de aquella “spledid little war” contra “sus rebeldes” americanos.

Sin embargo lo que aún permanece vivo en los EE.UU., o más concretamente en el ideal de los americanos del medio oeste, es el sentimiento de que fueron ellos quienes, mejor o peor, sostuvieron el peso de la guerra, mientras los estados de Nueva Inglaterra optaban por una posición muy cercana a la traición.

Razón ésta tal vez por la cual cuando los europeos pensamos en algún objeto de los EE.UU. veamos una casita de esas que hay en Nueva Inglaterra, pero cuando pensamos en algún ciudadano de esta nación recurrimos a la imagen del típico campesino del Medio Oeste con su gorra de béisbol. Además, claro, de los indios y los vaqueros.

Ah, por cierto: la mentira con la que el famoso gobernador de Indiana ocultó su masacre y, de paso, avivó el fuego de la guerra contra los ingleses, como también pasó con la del Maine fue descubierta años más tarde. Eso sí, ya después de la muerte de este personaje. Razón por la cual siempre fue considerado, en vida, un heroe, hasta el punto de que un mes antes de su fallecimiento llegó a ser elegido presidente de los EE.UU.

Yo, Yuste

Tags: yustadas

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9 Septiembre 2007

Cronica de un empate a Cero

El partido comenzó bien, se saco de centro.

Lastima que a partir de entonces, decayó, y decayó, y decayó…Einstein debió ser aficionado al fútbol. Solo así se explica lo de su teoría de que el tiempo es relativo. Se le tuvo que ocurrir viendo algún partido. En ningún otro lugar queda tan claro lo largo que pueden hacerse tres cuartos de hora.

Mientras sobre el terreno de juego los jugadores se esforzaban (en demostrar que lo suyo, sin duda, no era el futbol), en las gradas los espectadores experimentaron todo un rosario de sucesivos estados emocionales. A la sorpresa por el crimen deportivo que estaban presenciando, le sucedió la lógica indignación, que se transformo posteriormente en aburrimiento, para pasar por fin a un estado que se podría definir de pesimista aceptación, como la que muestran los suicidas antes del fin.

Suerte que, entonces, el árbitro pito el descanso, sin un segundo de prolongación a la agonía. Impecable el arbitro, un monstruo, que control del tempo del partido, que habilidad musical en sus pitidos, que gallarda forma de mostrar cartulinas. Los jugadores, emocionados, casi se veían obligados a darles las gracias por hacerles objeto de su atención.

Algunos espectadores aprovecharon el descanso para escapar del estadio. Huir es de cobardes, pero pocos se lo reprocharon. Se oían algunas frases perdidas entre los asistentes: “De algo hay que morir”, “ya no puede ser peor”, “uno tiene vocación de mártir”,”no, no he visto que hayamos jugado mal, pero es que soy ciego”,”suerte la suya”, que nos permiten hacernos a la idea del estado de animo de la afición.

La segunda parte se desarrollo con un ritmo mas vistoso, incluso se llego a escuchar un uy, producto de la caída de un vendedor de palomitas en la grada. De vez en cuando se escuchaba también un run run de fondo, que por momentos parecía presagiar tormenta. Eran los ronquidos de los que no habían podido contener el sueño.

Los ataques del equipo local se desarrollaban coordinados, en una disposición clásica, que permitía jugar casi de memoria…al equipo contrario. La principal cualidad de la táctica del entrenador de Unión es el trato a la imaginación. Una vez la localiza en alguno de sus jugadores, rápidamente la encierra y la elimina, como se merece, la muy anarquista. Orden, orden y orden es su lema. Lastima que equivocara su profesión, que gran policía perdió el país.

Mención especial al delantero Ariel Fachinetti , un crack, que nos recordó por momentos a aquel mítico extremo, Mauricio “el Pancho” Rivera, que tantas tardes de gloria dio a la afición del Real…cuando jugaba en el atlético.

El cerebro del equipo(o lo debe de ser, por el tamaño de su testa) Domingo Garrido, podría escribir varias manuales sobre como excitar a un balón, de tanto que lo toca, lo toca ,lo toca...(deberían acusarle de algún delito sexual contra el inocente esférico). Que lo haga, y libere al fútbol de su presencia.

En cuanto al conjunto visitante, los rojos del Internacional, un par de veces intento el contraataque. En una ocasión incluso, cruzaron el centro de la cancha. Rápidamente, el autor de tal ofensa fue substituido.

El final del partido se desarrollo sin incidentes, los jugadores, desde el centro del campo, aplaudiendo mientras el respetable abandonaba las gradas, meritorio esfuerzo el suyo.

Como escribió el celebre cronista deportivo Oswaldo “Tato” Menéndez, en la feroz crónica de la final entre Nacional y Deportivo del 69: “Nunca tantos hicieron tan poco por todos”.

Los arqueros, al concluir el encuentro, fueron obligados a pasar por taquilla.

Tags: relatos

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28 Agosto 2007

Tempus fugit

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasad
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Mas, aqui .

Tags: melancolia

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10 Agosto 2007

Tuvieron la suerte de ser aplastados por grandes piedras

...en el caso de la Sima de las Palomas se da la circunstancia favorable de que los individuos fueron aplastados durante un seísmo por grandes bloques de piedra, por lo que están todos agrupados...

Sin duda el grupito de Neanderthales aplastados por los los pedruscos aun deben de estar aplaudiendo con las orejas por ser tan afortunados, como lo de Pompeya, que aun deben estar bendiciendo la erupcion que dejo su ciudad bajo unos cuantos metros de cenizas.

Si es que unos tantos y otros tan poco, que vida mas injusta...

Por cierto, en la noticia donde aparece tan "magnifica" frase, se habla del yacimiento de la sima de las Palomas, en el cabezo Gordo , cercano a la poblacion de Torre Pacheco, en mitad del Campo de Cartagena(es una montaña muy curiosa, esta sola en mitad de la llanura agricola, tiene un cierto aire, lejano claro, a Ayers Rock).

La cosa es que debo ser de los poquitos, aparte de arqueologos, que ha visto el yacimiento, en una visita organizada por el ayuntamiento de la localidad, lastima que, lo reconozco, el mundo de la arqueologia me atrajo siempre mas bien poco(cavar bajo un sol abrasador(si es verano, o helandote de frio o lleno de barro, en otras epocas del año), horas y horas, lleno de polvo, con mosquitos por todos lados, durmiendo en tienda de campaña o similar, y todo, para como mucho encontrar un minusculo hueso, o un trozo roto de ceramica. Y si no cavas, pues a clasificar lo encontrado. Desde luego, en cuanto supe de que iba la cosa, ni se me paso por la cabeza especializarme en eso, comodon que es uno.

Mucha gente parece tener la idea de que ser arqueologo es algo apasionante, cuanto daño hizo Indiana Jones, me temo...

Tags: arqueologia

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10 Agosto 2007

heraldica futbolistica III(Especial Verona)

Hoy nos centraremos en las insignias de los dos equipos, el Chievo y el Hellas, de la ciudad italiana de Verona.

Y para eso, quiero que antes de nada os fijeis en estos dos escudos del pasado de ambos clubs, el primero del Chievo , y el segundo del Hellas .

Si, en ambos se ve la escalera.¿cual es el motivo de esta doble aparición? No, no se trata de la escalera que uso Romeo en sus devaneos con Julieta, como pudiera pensarse por la ciudad en donde nos encontramos, sino que tiene que ver con una familia, los Della Scala, Scaliger o Scaligeri, como se les prefiera llamar, señores de Verona, y cuyo escudo es este . Creo que no hace falta explicar demasiado, después de verlo, de donde tomaron la inspiración ambos clubs...

También es curioso ver como ambos clubs tienen similares colores en sus insignias, Amarillo y azul. Pero si observamos el escudo de la ciudad...También se acaba el misterio.

Si observamos de cerca el escudo actual del Hellas Verona,podemos ver que aparecen muchos de estos elementos.

Por un lado los colores del escudo de la ciudad (y el mismo escudo en pequeño, en la parte inferior del mismo), ademas de los colores de la tricolor italiana.

Pero el elemento mas curioso del mismo, es el dibujo justo por debajo de la tricolor. ¿que simboliza? pues por un lado, en el centro, aparece la escalera de nuevo, aunque de forma mucho mas secundaria que en el antiguo, y luego, de forma muy esquematizada, a su lado, dos cabezas de perro, exactamente de Mastines.¿por que tienen que ser mastines, y no otra clase de chucho? Pues porque los mastines hacen referencia a Mastino I della Scala, otro de los miembros de esa gloriosa familia(el fundador de la misma, para ser mas exactos).

Ahora, recorramos un poco la ciudad para dirigirnos a visitar al oponente en los derbies locales, el Chievo de Verona.

Por si os preguntais quien es el caballero que aparece en el escudo de la entidad, y de donde se tomo la imagen, la respuesta es esta , se trata de la estatua ecuestre de Alberto I Canfrancesco della Scala , mas conocido por sus amigos como Cangrande della Scala, señor de Verona al comienzo del siglo XIV, a quien Dante dedico una parte de su Divina Comedia. Tiene una espectacular tumba en la ciudad, y bajo su gobierno la ciudad alcanzo su maximo esplendor.

Asi que, en cierto sentido, los derbys entre los equipos, lo son a su vez entre dos figuras historicas, entre el tio y su sobrino(creo que esta es la relación familiar que les unia).

Que cosas...

Un saludo

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Seis, como las caras de un dado(y para gente con pasado rolero,no es mala comparacion),son los ciudadanos de esta nuestra querida nacion virtual, por un lado yo(el burro delante, para que no se espante),Mandarache, principe de Dalnia y fundador de la misma,justo detras, descendiente de las furias,la princesa Anandryne, azotadora oficial de herejes,blasfemos y gentuzas varias,Robespierre, Republicano de guardia del principado, junto con el Embajador Yuste, que de cuando en cuando manda misivas con noticias del reino hermano...El siguiente en llegar fue El Virrey Grima,alguien de quien nadie puede decir nada malo...(ni bueno,unos dias despues sus criticos no suelen decir nada). Y por fin, desde las colonias del otro lado del oceano infinito, Pukel, una de esas personas que puede decir sin ruborizarse que se lucra con el dolor ajeno. Image Hosted by ImageShack.us Locations of visitors to this page

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