Capitulo 3
Mientras aguardaban su hora final en las alegres mazmorras(a algún caritativo guardián le había dado por pintarlas color rosa y poner luces de colores por las paredes), les llegaban de vez en cuando visitas del mundo exterior, mayormente en forma de sacerdotes de los diversos dioses que pululaban por las calles(y por los techos y por las alcantarillas, de hecho era difícil encontrar un rincón en donde no estuvieran).
Lo curioso es que la mayoría, mas que interesadas en salvar su alma inmortal(las que creían en ella, exactamente el 35% de las religiones), lo estaban en conseguir sus cuerpos una vez ya sin ella, para quien sabe que oscuros rituales(o luminosos, por ejemplo los Testigos de Chayanne celebraban una vez al año una multitudinaria quema de cadáveres, el encendido le llamaban).
Por fin le llego el turno de recibir la visita del enviado de Mikimaus, el dios Raton de las cloacas putrefactas. Que un Dios de esas características fuera el más popular de la ciudad no tiene nada de extraño para quien conozca la idiosincrasia de la misma(y su olor, sobre todo su olor).
El clérigo, vestido con una raida sotana de un color indefinible, situado entre un marrón terroso y un rojo que había conocido tiempos mejores, se bajo la capucha de la misma, y en ese momento tanto Wilmor como Fankunter desearon que no lo hubiera hecho.
Horrible seria una palabra ajustada solo en el caso de que para describir al Titanic se aceptara bote. La cara blanca, definida en toda su extensión por una imponente nariz, casi un mascaron de proa, estaba realzada por un pelo de un amarillo refulgente que hacia que uno tuviera que apartar la mirada. Eso si se le podía llamar pelo, porque estaba dispuesto en forma de pinchos como los de un puercoespín en celo.
-Saludos queridos hermanos en la fe de Mikimaus, soy monsen Kasekis, roedor supremo del culto a nuestra deidad celestial en esta urbe.
-Salud brother—respondió algo descuidadamente Fankunter.
-A nuestros oídos bien informados ha llegado la triste noticia de vuestra próxima partida de este mundo, y como no seria cosa de dejar pasar la ocasión os propongo un trato:
a cambio de que nos cedáis vuestros cuerpos, que total, ya nos os iban a servir para nada, os prometemos la vida eterna en el paraíso de Mikimaus, Disneisland, donde la diversión y las canciones pedorras son el pan nuestro de cada dia.
-ejem, y si no es indiscreción, ¿para qué queréis nuestros bodys?- respondió algo mosca Fankunter.
-Bueno, somos una religión investigadora-
-Y exactamente que investigáis- pregunto interesado Wilmor
-lo nuestro es investigación culinaria, queremos saber si la carne humana esta mejor al horno o a la plancha
Mas tarde, una vez solos, Wilmor reprendía sin demasiada acritud a Fankunter:
- Bueno, esta bien que le echaras a patadas, pero quizás el trasero hubiera sido mejor lugar para dárselas ¿no? Así desde luego no creo que lleguemos a su paraíso(continuara...)


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados