Julio de 1997. Liberación de Cosme Delclaux y de José Antonio Ortega Lara.
Euforia. Alegría.
Llega el día diez... y todo cambia. Es secuestrado Miguel Ángel Blanco. Eta da un ultimátum de cuarenta y ocho horas, con exigencias imposibles, o será ejecutado.
Ocurre lo increíble: España se echa a la calle. De norte a sur, de este a oeste, una marea humana inunda las calles y plazas del país, una incontenible ola de indignación movida por corrientes de manos blancas alzadas.
España quiere a Miguel Ángel. Quiere que vuelva a su casa. Algo empieza a moverse. España le echa un pulso a eta. Un pulso de manos blancas contra pistolas, de indignación contra sinrazón, de barbarie contra deseos de paz.
Son dìas en que los creyentes rezan y los no creyentes gritan, de velas, de vigilias. Veias a la gente sentada en el silencio de la noche estival, frente a los ayuntamientos, cuidando las llamas, la llama vacilante de la vida de Miguel Ángel Blanco. Las manos blancas querían proteger esa débil luz para que no se apagase. Gentes de todas las edades, de todos los credos, de todas las opciones políticas.
Y por una vez, los que se quedaron en casa fueron los que matan, los que amenazan, los que extorsionan. Bien escondidos; y la calle fue de la gente normal que sólo quiere vivir en paz.
Vascos sí, eta no
Había todavía ingenuos que creían que eta escucharía la voz del pueblo. Que se daría cuenta de que no era esa su voluntad.
Como siempre, aquello de que quien no conoce la historia está condenado a repetirla se hizo verdad.
El ingeniero José María Ryan había sido asesinado así en 1981; y la historia se repitió.
Apenas unos minutos después de expirado el plazo dado por los terroristas, Miguel Ángel Blanco fue encontrado. El etarra García Gaztelu había atado sus manos a la espalda y le había dado dos tiros en la cabeza. Sin remordimientos.
España se tiró de nuevo a la calle; esta vez ya no pedía piedad, pedía justicia. Venganza. Por primera vez, se asaltaban las casas y propiedades de los simpatizantes etarras.
Eta, escucha, aquí tienes mi nuca
Las manos blancas se cerraban en puños. La barbarie había sobrepasado lo que se creía posible.
La gente veía... pero sin embargo, no era la primera vez. Me pregunto qué sintieron la viuda y los hijos de José María Ryan al ver repetirse la historia.
Los políticos tomaron el mando: no podian consentir que fuera el propio pueblo español, libremente, el que llevara la iniciativa. Tras aquel inicial a por ellos, empezaron las matizaciones. El aislamiento social propuesto para aquellos que apoyan el terror o que miran para otro lado cuando ocurre, no podía hacerse. No era justo. Los nacionalistas primero y otros partidos después, viendo que se les cerraba el chiringuito, clamaban.
Algo sí cambió: las víctimas salieron a la calle y se hicieron visibles. De tener que ocultar que un familiar había sido víctima de eta, pasaron a poder decirlo y a recibir ayuda y apoyo. Ya no era una vergüenza, sino un dolor. Después de tantos años, podían caminar con la cabeza alta y reconocer de qué había muerto el abuelo o el hijo. Fue un buen momento. Miguel Ángel Blanco dio a todos la oportunidad de salir y durante un tiempo, metió a los terroristas en sus casas.
Durante un tiempo.
Han pasado diez años. Aquellas víctimas que un día salieron a la calle, oyen hoy que no deben meterse en política; peor aún: hasta ahora, se les decía que debían mantenerse al margen. Hoy, directamente, se les ataca: no puedo explicaros lo que siento cuando leo en internet a gente que cuando murió Miguel Ángel Blanco debía tener diez años, llamar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Negocio de las Víctimas del Terrorismo.
Que vuelvan a casa; que lloren, que griten, que sufran, pero donde no las veamos. Ahora toca negociar. Hablar con aquellos que no quisieron escuchar. Aquellos que despreciaron al pueblo que dicen querer liberar; y las victimas estorban. Al silencio otra vez. Qué generosos somos negociando con los muertos ajenos. Qué soberbios ordenándoles que callen.
¿Dónde está aquel clamor que nos recorrió? ¿Qué ha pasado con aquellas manos blancas?
Eta, escucha, aquí tienes mi nuca.
Aquel grito aún me resuena en los oidos. Todavía tengo los ojos llenos de las imágenes de las calles desbordando gente indignada. ¿Dónde están los que lloraban entonces?
¿Qué nos ha pasado...?
by ANANDRYNE


Leer este sentido y apasionado artículo me ha hecho retrotraer y revivir intensamente emocionado aquellos días de angustia donde la sociedad española mostró lo mejor de sí misma ante lo que era un crímen a tiempo real. Miguel Angel Blanco era el hijo, el hermano, el esposo, el abuelo,...Todos eramos Miguel Angel Blanco. Todos manteníamos la esperanza de que los perros de E.T.A. no culminarían sus propósitos. No por la presión de la sociedad, sino porque no podíamos concebir que existieran personas tan abyectas y crueles capaces de perpetrar semejante acto. Me equivoqué. Reconozco que soy un ingenuo bienpensado, también supuse que aquella atrocidad supondría un punto de inflexión en la deriva nacionalista del P.N.V. También me equivoqué; el asesinato de M.A. Blanco sirvió para que el P.N.V. de Arzalluz y Eguibar se quitaran la careta y se mostraran tal cual son; los mismos perros pero con traje y corbata. La sociedad española hirió de muerte a E.T.A. Aquel día todos los españoles de bien derrotamos a E.T.A. Sólo los partidos nacionalistas vascos, cierto sector del PSE, y el incumplimiento del estado de derecho mantuvieron con un halito de vida a los asesinos. Ahora, y gracias a los 300.000 votos de ERC y al "talante" de ZP se nos pide que se le de a los perros de E.T.A. la oportunidad que los terroristas denegaron a Miguel Angel Blanco y el resto de tres mil víctimas de E.T.A.
Exacto Hanussen (¿el astrologo-mago? :-))...es muy bonito el talante y lo de decir que todo se puede discutir pero no hay que olvidar que los HP con quien se quiere negociar hoy son de la misma calaña que los HP que asasinaron a M.A. Blanco a sangre fria incluso despues de la extraordinaria movilización que supuso su rapto..les importo una mierda, esa gente va a lo que va, y todo lo que sea neogociaciones y muestras de tibieza lo interprentan como un signo de debilidad y una victoria suya.
Es que solo hay que ver la cara y al actitud del repugnante y vomitivo nazi llamado Otegui, esta contentisimo y cuando lo mandaron a la Audiencia Nacional parecia muy seguro de si mismo...solo con eso se ve donde nos va a llevar todo esto...