Nuestro embajador en el pais antes conocido como España, Aitor Yuste, inicia hoy una serie(aun no sabe si de dos o tres capitulos) sobre la negociacion con ETA. Sin mas preambulos, reproduzco su misiva:

CAPÍTULO I

Esta es mi opinión, igual meto la pata, pero prefiero jugar a adivino ahora que decir después “lo sabía, lo sabía pero no lo dije”.

Comencemos disipándonos un poco.

Los nazis descubrieron muy poquitas cosas. Tal vez el acto de inaugurar los Juegos Olímpicos (que no Olimpiadas) con un gran desfile de todos los
deportistas nación por nación haya sido su única aportación al mundo moderno.Del resto nada, ni siquiera su fastuoso plan de autopistas, era suyo,sino de la República de Weimar. Su fuerte fue muy otro: adaptar lo que ya se sabía a sus propios intereses criminales. Ellos no descubrieron, por ejemplo, el uso del gas como arma de destrucción masiva y genocidio (aunque algunos, como Hitler, sí lo hubiesen padecido durante la GranGuerra), pero a fe que supieron ponerlo con diabólica precisión al servicio de su criminal programa de exterminio. Tampoco descubrieron el empleo de la publicidad, la propaganda y la movilización como arma de agitación (eso fue más mérito de los bolcheviques rusos que de ningunos otros), sin embargo ellos supieron emplearlo para lograr que en menos de quince
años desde su llegada al poder, una nación aparentemente culta se convirtiese en el verdugo de Europa.

A base de canciones, profesores bien elegidos,excursiones al monte, un bombardeo de saturación propagandística diario y el control de todas y cada una de las esferas de la sociedad alemana, desde la familia hasta la iglesia o las cervecerías, lograron su objetivo: que Alemania se convirtiese en una nación de ciudadanos militantes que a punto estuvo de lograr el control mundial. De los que hubiesen sobrevivido. Franco, por su parte, tampoco es que descubriera muchas cosas. Más bien todo lo contrario si eso fuera posible. Sin embargo, ya sea por casualidad o por
oportunismo, en cuanto la Segunda Guerra Mundial empezó a bosquejar el ocaso nazi, pasó de ser el líder de una nación militante de corte fascista a serlo de una nación completamente desmovilizada de corte, por
decirlo de alguna manera, franquista.
No deja de tener sorna que fuera precisamente ese engendro llamado el “Movimiento” la principal arma de desmovilización social. Sea como fuere, a base de misas, nacionalismo trasnochado, cutrez y mucha cachaza, los españoles pasaron a ser uno de losciudadanos menos militantes de la tierra. Lo cual tiene su mérito, ya que venía de cien años con cuatro
guerras civiles, una internacional, dos dinastías, dos repúblicas, una dictadura…
Y la cosa funcionó durante cuarenta años. De sobra para Franco. Que sí, que puede que no le valiese para recuperar a mordiscos y patadas aquel Imperio irredento que clamaba su imaginería, pero mira, en lugar de en un lúgubre bunker, él se murió en la cama de viejo. De viejo y de cerca de cuarenta males mortales de necesidad cada uno de ellos. Uno por año
de cruzada.

Viene esto a colación, porque lo primero que podemos observar del “proceso de paz” es que, de entrada, esta es la enésima vez que ambas concepciones del “control de las masas”, la de los militantes y la de los
desmovilizados, se enfrentan.
Por una parte, en una esquina del cuadrilátero, con veinte mil votos y menos de mil pistoleros y cómplices, tenemos a ETA, hace dos años acogotada y acojonada, hoy dando voces, pegando tiros al aire, ladrando, quemando cajeros, manifestándose ahora sí, ahora también, recordándonos que sigue viva. En la otra esquina, con cuarenta y cinco millones de almas y un ejercito, o al menos la ínfima parte de él que no
está de “misiones” por el extranjero, un Gobierno callado, sigiloso, hermético, desmovilizador, con sordina y mordaza. Vamos, los vociferantes camisas pardas nazis, contra la sigilosa tumba de Franco.
¿Por qué?. Pues parece claro que, como en toda negociación, ambas partes van a perder mucho, y cada cual afronta el problema, ese problema, el de dar la cara después ante sus correligionarios, como
buenamente pueden. O saben.
A ETA le interesa que se den muchas voces ahora, que parezca que están perdonándonos la vida a todos. No tanto de cara a la galería, porque aquí se juega con las cartas marcadas a rotulador y el Gobierno sabe de sobra la fuerza que tienen (poca o ninguna), sino de cara a su “galería”, a sus militantes, que aún creen posible que Ternera les lleve, cuan Moisés, a esa onírica Euskal Herria a la albanesa. Son como ese corredor bajo la lluvia que si se para se queda frío. Y si se queda frío, se va a la ducha. Y, tal vez, camino de esta o tal vez ya bajo ella se pare a pensar porque coño estaba corriendo y llegue a la conclusión de que mañana mejor se toma un chocolate con churros con su mujer.
Al Gobierno le pasa todo lo contrario: lo último que desea es que la gente se haga preguntas. A fin de cuentas, ETA se juega mucho, pero comparados con ellos todo lo que saque en una negociación serán ganancias.
¿Y si no, qué?. ¿A la cárcel?. Pues ya ves tú que cosa, porque eso venía de serie desde que pegaron el primer tiro en nuca ajena. Es el Gobierno el que deberá dar para que dejen de matar. El Gobierno el que deberá dar para que se legalicen. El Gobierno el que deberá saltarse la
legalidad para contentar y apaciguar a los ilegales.
Al Gobierno le pasa como a ese vendedor de pizzas a domicilio que lo último que desea es que su cliente se líe una toalla a la cabeza y se vaya a corretear por el campo. Nada, nada, en casa quietito que yo te pongo
fútbol del bueno. Si Capello se vuelve para Italia, el jodido.

Así están las cosas de partida. Y el tratar de mantenerlas así marcará, está marcando, este “proceso” entre el Gobierno y ETA, así que no penséis en nada, ni por una parte ni por otra, que vaya a alterar esto.
Ni grandes cesiones a la vida civilizada y no violenta por parte de ETA, ni grandes concesiones a ETA por parte del Gobierno. No al menos si creen que pueden amenazar ese estado de nirvana que buscan para sus
seguidores.

¿Cómo lo harán?. ¿Qué creo que harán?.
Eso lo trataré en el próximo capitulo

Yuste, admirado en la derrota