LAS VUELTAS DE LA HISTORIA
o reflexiones cuando aún no se ha tocado fondo.
Las revoluciones totalitarias, por muy bonitas que quieran parecer, siempre son lesivas a los derechos individuales y colectivos. Detrás de los discursos que alaban los logros en beneficio “del pueblo”, se esconde un desprecio mayúsculo no solo por el bienestar de la población, sino también por su existencia física.
Uno de los ejemplos más dramáticos de este menosprecio lo dio Stalin en los años 20, cuando cuatro quintas partes de la población rusa aún era rural, la dirigencia comunista no vio mejor manera de conseguir dinero fresco y de transferir una enorme masa poblacional del campo a la industria, que con la colectivización de granjas y haciendas, no solo de los pocos propietarios medianos que quedaban, sino también del más ínfimo minifundio. De esta manera el Partido (comunista) controló tanto los salarios de los campesinos, como el precio de los alimentos en los mercados (que eran muchísimo mayores de los que hubiesen sido de haber funcionado el libre mercado). De esta manera, el estado se interpuso brutalmente entre el productor agrícola y el consumidor urbano y los exprimió a todos, en un grado impensable hasta para el más déspota de los zares. ¿Suena conocido? Claro, también sucedió en la China de Mao Zedong y aún sucede muy cerca de aquí, allende el Mar de la Felicidad, en la Cuba de Fidel.
¿Cuál fue el costo social de esta medida? En realidad a un tirano no le interesa el sufrimiento de su pueblo. En el caso ruso concreto, la colectivización y sus consecuencias antes descritas ocasionó que la parte PNB destinado al consumo de la población bajase de un 85% a un 51%, lo que ocasionó que tanto la ingesta de cereales y de proteínas de origen animal no se nivelase con los estándares anteriores a la Primera Guerra Mundial recién en los años 60. El costo inmediato fue la hambruna y la muerte por inanición de más de 2 millones de personas.
Primera conclusión: Apelar a la humanidad, raciocinio o patriotismo de un tirano es arar en el mar. El tirano no es sensible ni al sufrimiento de sus compatriotas, ni a sus vicisitudes. No entiende de manifestaciones de protesta cuando hay hambre, inseguridad y desesperanza. El tirano solo entiende con la fuerza.
Cuando la situación de crisis trastoca tanto a una sociedad, ésta busca ayuda en las instituciones internacionales, y a veces se aferra a estas como si fuese la panacea de todos los problemas. Craso error: ningún organismo internacional es capaz de resolver problemas internos, frenar agresiones extranjeras o impedir guerras, fundamentalmente porque los países miembros de dichas organizaciones tienen intereses particulares, los que obviamente anteponen a los intereses globales.
En 1936, la Italia fascista invadió y colonizó Etiopía, en una campaña sangrienta que costo cientos de miles de muertos abisinios. La Sociedad de Naciones, predecesora de entreguerras de la ONU, conminó a Italia a cesar su agresión y retirarse. Sin embargo, las palabras sin actitudes firmes, sólo son papel mojado y Francia, la principal potencia continental de ese entonces, pensaba utilizar a Italia como tapón amortiguador contra Alemania, no se atrevió a contrariar a esta aliada potencial; el Reino Unido, más pendiente de sus propios problemas coloniales en la India, aparte de unas mociones de censura, no movió un solo buque de la Mediterranean Fleet en apoyo a esas mociones y el último país africano independiente se vio ignominiosamente sometido a una potencia extranjera.
En Julio de ese mismo año, una ola de pronunciamientos militares sacudió a la España republicana, que se sumiría en el horror de una guerra civil que duró 3 años. La Sociedad de Naciones ordenó la “no intervención”, pero Italia envió cerca de cincuenta mil tropas, Alemania alistó la Legión Cóndor (tristemente célebre por el bombardeo a Guernica), la Unión Soviética mandó generales, instructores, aviadores y tanquistas, en tanto de las democracias occidentales partieron miles de voluntarios encuadrados en las Brigadas Internacionales. La Sociedad de Naciones ordenó el bloqueo de suministros militares y la Guerra Civil Española fue banco de pruebas de cazas alemanes y tanques rusos. La Sociedad de Naciones ordenó el respeto a la población no beligerante y en esa guerra la humanidad vio horrorizada como ciudades indefensas de la retaguardia se convertían en línea de frente gracias al brazo largo de la aviación. Si en 1936, alguien tenía esperanzas en la eficacia de la Sociedad de Naciones para evitar un conflicto, ciertamente al final de la guerra española esas esperanzas eran totalmente infundadas.
Más cercano tanto geográfica como temporalmente, está el ejemplo del Perú bajo Alberto Fujimori: Después del escandaloso fraude electoral del 2000; la OEA instó a una mesa de diálogo para proponer salidas a la creciente ingobernabilidad en el país andino. No se llegó a ningún acuerdo concreto, pese a los 8 meses de negociación. La caída de Fujimori se debió más a la presión popular constante, al pacto entre partidos políticos tradicionalmente antagónicos, los errores del fujimorismo, los abusos de Montesinos y el descontento en las Fuerzas Armadas; que a la presión internacional.
Segunda conclusión: Los gobiernos autoritarios no respetan a los organismos internacionales; los tiranos y sus acólitos se burlan de sus interlocutores, tanto con desplantes como con dobles discursos, tácticas dilatorias al fin. Pese a las buenas intenciones de la SD, ONU, OEA ó PNUD, si no hay vocación democrática de las dos partes en conflicto, una solución electoral negociada es imposible... y la vocación democrática de un tiranuelo totalitario (más aún si ya intentó hacerse del poder con un golpe de estado, si controla todos los resortes del poder electoral y si ha proclamado a los cuatro vientos su intención de perpetuarse en el poder) siempre está en entredicho.
Finalmente, es bueno recordar que la experiencia no sirve de nada, si es que de ella no se obtienen las conclusiones correctas. Recordemos que la decadente y apática República Alemana de Weimar era mala, pero la Alemania Nazi fue peor; que el gobierno de María Estela “Isabelita” Perón fue caótico, pero la Junta encabezada por Videla sumió a la Argentina en una vorágine de sangre y terror. Que si bien 40 años de democracia en Venezuela ocasionaron un estado macrocefálico y burocrático, estancamiento económico y clientelismo político; el régimen encabezado por el Tte. Crnl. Chávez Frías lejos de corregir estos defectos, los aumentó con la politización de las fuerzas armadas, la subordinación de los demás poderes al ejecutivo, la irresponsable dilapidación del erario nacional, el alejamiento del país de sus principales socios comerciales como contraparte del peligroso acercamiento a regímenes totalitarios y el absurdo intento de dividir el país con discursos que apelan al odio de clases o de razas.
Tercera Conclusión: La sociedad democrática no puede aflojar la presión contra el régimen autoritario por más que la Tiranía intente perpetuarse, legalizando lo que es intrínsecamente ilegítimo; por más que intente comparar conciencias y alquilar los servicios de ciertos sectores de dirigencia opositora susceptibles de ofrecerse en alquiler y por más presiones directas e indirectas que aplique contra la ciudadanía. Aflojar el espíritu de resistencia significa ir como corderos al matadero y abrir con nuestras propias manos las puertas a un oscurantismo capaz de devorar todos los estamentos del país.
Por Pukel
Gente libre en una tierra libre


Sobre lo que comentas de la colectivizacion de Stalin escribi una cosa hace unos meses:
http://www.lacoctelera.com/mandarache/categoria/lecturas-citas-e-...
Otro de esos momentos de la historia olvidados porque no conviene acordarse de ellos...
Dejo aqui un estudio sobre el chavismo encontrado en el instituto braudel de economia:
http://www.braudel.org.br/novo/publicacoes/bp/bp40_es.pdf