Un periodista vocinglero de esos que todos sabemos y
muchos escuchamos o leemos, diría que la agresión a un
miembro del foro de Ermua de ayer por la tarde y la
propuesta de ERC a CiU de que les auparán al gobierno
regional catalán si les prometen llevar a cabo un
referéndum de autodeterminación una vez arriba son la
enésima y la enésima más uno muestra de que los
separatistas de España son todos unos violentos y unos
traicioneros por encima de siglas y siglos.
Yo, que disto mucho de ser un periodista y menos aún
vocinglero (facha sí, pero es que facha en España es
todo aquel que no jure los principios fundamentales de
la educación para la ciudadanía), prefiero ver las
cosas desde otra perspectiva. Evidentemente, el
pegarle una patada en los cojones a un señor es un
acto de violencia, pero igualmente la obra de un solo
violento. De un violento solo y aislado. Y acusar a
todo un partido de ese acto es, en pocas palabras,
pasarse cuatro pueblos.
En cuanto a lo de ERC, se trata únicamente de una
burda maniobra electoral para rascar unos pocos votos
a CiU ahora que llegan municipales en la región. Tanto
será así que todos, incluido el sector crítico de ERC
le han visto el plumero a la propuesta en menos de
veinticuatro horas. De esta forma, un intento de poner
a CiU entre la espada y la pared ha pasado a ser el
enésimo más mil esperpento de la formación separatista
progresista.
Efectivamente, diría el vocinglero, se hecha en falta
una crítica unánime por parte del PNV de la patada.
Efectivamente, la señora Azkarate estuvo más que
desafortunada al decir que “iban a pagarlo” los que
quisiesen aplicarle la ley al presidente regional
vasco y desde luego es muy sospechoso que el autor de
la patada, que fue puesto en manos de la policía
regional vasca por los guardaespaldas del agredido “se
esfumase”, pero de ahí a acusar al PNV van los
antedichos cuatro pueblos.
Igualmente no es menos cierto que los nacionalistas se
han caracterizado siempre por ser unos traidores de
tomo y lomo cuya palabra vale menos que un beso de
Judas, pero por mucho que ERC haya prometido romper
sus pactos con sus socios de ICV y PSC a cambio de un
referéndum, comparar eso con las embajadas que mandó
por Francia, Reino Unido e incluso la Italia fascista
y la Alemania nazi el bueno de Companys, cambiando
convertir Cataluña en un protectorado suyo si les
sacaban a ellos solitos de la guerra, o el sabotaje de
la defensa republicana de Cantabria primero y la
vergonzosa rendición de Santoña después por parte de
los gudaris, es otra pasada. Y tal vez de más pueblos
aún.
Sin embargo, así son las cosas, sea cierto o no. La
gente prefiere escuchar o leer "eso" que lo que yo
escribo. Prefieren pensar que los separatistas son
demonios con rabo. O que los “fachas” son Franco con
su camisita azul y su canesú (porque, por cierto,
vocingleros los hay en todas las trincheras). Y esto
lo tengo más que comprobado, porque solo cuando yo
arremeto con virulencia contra mis enemigos (los que
sean) recibo respuestas, pero si me mantengo desde una
posición objetiva la gente pasa y no comenta. Y si la
gente pasa no existes, y eso la prensa lo sabe mejor
que el amigo Otegi el “Euzko Gudaria”.
Y es que, si hay algo cierto en todo esto, son estas
tres cosas. Cosa uno: que para que haya periodistas
vocingleros debe haber un auditorio vocinglófilo. Cosa
dos: que para que los separatistas puedan traicionar a
nadie debe haber alguien tan tonto como para tener
discretas erecciones cada vez que les ven (discretas
porque no dan para más, que todo se pega, hasta la
impotencia), se llamen Patxi Lopetz, Montilla o Azaña.
Y cosa tres: que para que un separatista le pueda
pegar una patada en los cojones a un ciudadano, antes
que nada debe tener delante, por mucho que le joda e
incluso le asuste, a un ciudadano con dos cojones.
Con dos cojones.

Yo, Yuste