DESDE MI PÚLPITO: ETA, la mafia vasca
Cuando nos acercamos por primera vez a un estudio medianamente serio y riguroso de la “mafia” siciliana, sin duda lo que más llama la atención es descubrir que son precisamente los sicilianos los últimos en reconocer no ya la fuerza sino la mera existencia de esa organización criminal. En otras palabras, hasta las investigaciones y el posterior asesinato del juez
Falcone, en Sicilia eran legión los que creían que la “mafia” no era más que un mito. Es más, aún hoy día todavía hay muchos que defienden esa teoría.
Y no estoy hablando de personas interesadas por oscuros motivos en encubrir a la “mafia”, sino de personas cultas e integras como el fabuloso escritor
Leonardo Sciascia, que si bien combatió toda su vida desde sus escritos y artículos de prensa a la “mafia”,murió sin reconocer que esta pudiese ser una
organización criminal compleja.
En su lugar, en Sicilia en concreto, pero también en gran parte de Italia, los crímenes provocados por la mafia, crímenes claro que nadie niega, se atribuyen a delincuentes comunes en absoluto unidos en nada que se
parezca a una organización criminal. Y cuando se les habla de vínculos entre ellos, de familias y de pactos de silencio, todo lo resumen a que se trata de una especia de “cavalleria rusticana”, caballerosidad rústica, algo casi medieval, atávico y propio de las raíces del carácter siciliano.
O sea, que de crimen organizado nada de nada. Lo cual no deja de ser curioso, ya que esto sucede mientras en medio mundo a las diversas organizaciones del crimen organizado las hemos bautizado con el término genérico de “mafia”, ya sean los “yakuzas” japoneses o las “tríadas” chinas.
En el País Vasco pasa algo parecido con su rama local del crimen organizado. Todavía hoy día son millares los que creen que ETA es una organización política. Y no quiero decir con esto que estas personas les apoyen lo más mínimo o nieguen que sea una organización que asesine o cobre chantajes o trafique con armas, sino que, sencillamente, ven tras estos medios criminales
un propósito político y no puramente delictivo.
Así, aunque ETA es una organización dedicada a la extorsión en sus múltiples facetas, y a pesar de que los beneficios de estas extorsiones vayan dedicados a la manutención de sus miembros en mayor medida que a la compra de armas, cosa que cada día tienen más complicada, como tras ellos dicen haber unos fines políticos, nadie se cuestiona si realmente no serán lo que son, una organización “mafiosa” que se hereda de padres a hijos, en la que impera una ley del silencio u “ormetá” y en la que, lograr alcanzar esos “objetivos políticos”, al menos para sus dirigentes, hace ya muchos años que ha dejado de ser un fin para convertirse en una tapadera. Unas “personas” que viven
de lo que obtienen de sus delitos y no piensan dejar de hacerlo porque llevan años viviendo de ellos y no sabrían vivir de otra manera.
Evidentemente no hablo de los “chicos de la gasolina”, sino de aquellos que les ordenan atacar a tal o cual objetivo. Hablo de los Terneras y de los Txerokis.
Hablo de los jefazos, de los que viven en el exilio y desde el exilio lo organizan todo. Hablo de los que venden consejos a cambio de drogas a las FARC colombianas. Hablo de los que señalan a los empresarios que hay que chantajear y del dinero que se les debe exigir. Hablo de los que deciden a qué vascos hay que callar o a cuales no. Hablo, en fin, de la “mafia” que es ETA.
Y no es que no haya pruebas, que las hay de sobra, es que no hay voluntad de reconocer los hechos. La “mafia” siciliana no existe y ETA no es una “mafia”.
Ambas pasean a sus anchas por el mundo del hampa, pero ninguna de las dos es acusada de tal cosa. O al menos no han podido ser acusadas de tal cosa hasta hace bien poco. Personajes como Falcone lograron descubrir lo
que todo el mundo sabía fuera de Sicilia cuando al final logró desentramar el tinglado mafioso. Golpes judiciales como los dirigidos contra los entramados
exterior o empresarial de ETA en España han ido encaminados en ese mismo sentido. Por desgracia el paralelismo no acaba ahí. En Italia solo ahora, después de muchos más de cien años existe una voluntad inequívoca de destapar el negocio de la “mafia”. No se trata solo de detener al delincuente
sino de aventar las tramas de la organización a la que pertenecen.
En España, durante años, han sido los propios Gobiernos democrátimente elegidos los que han dado una carta de naturaleza política a ETA, los que la han tratado como tal cosa. Tal vez ahora, cuando ya parece claro que ETA no piensa negociar nada que no les garantice que su feudo criminal será suyo y solo suyo (con razón el PNV ha sido uno de los más interesados en saber qué querían los de ETA esta vez), el Gobierno, éste o el que venga, comience a tratar a ETA como la organización criminal organizada que es.
Tampoco es algo tan difícil, se trata únicamente de no considerar a ETA como el interlocutor válido ante nadie ni el representante de nadie. Se trata de
aplicarles las mismas reglas que se aplican contra las mafias rusas, georgianas o albanesas. Se trata no solo de detenerles y condenarles, sino de demostrar cómo viven, de qué viven, de quiénes viven.
Y se trata, tal vez esto sea lo más difícil, "resido" en su feudo y lo sé, de no tener ningún miedo en llamar a las cosas por su nombre. A ETA, por ejemplo,
mafia.
Después, el resto vendrá rodado.

Yuste, admirado en la derrota

