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La Coctelera

Principado de Dalnia

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31 Julio 2007

El rey lear o la esencia de la ancianidad

Hola. Hace ya muchísimas lunas, en 1987, era profesor (¡de letras!) del Centro de Estudios Pre-Universitarios de mi universidad. Como la UPCH quedaba anexa al Hospital del Rímac, en un lugar periférico al norte de Lima, el rectorado decidió situar al CEPU en Miraflores, (un distrito situado en una zona socio-económicamente mucho más pudiente) en una elegante casa con vitrales y escalera de mármol. Demás está decir que en las noches era allí donde se presentaban libros, daban conferencias o rendían homenajes.

Justamente en una de esas noches, estaba corrigiendo pruebas cuando escuché aplausos y vi que el destacado psiquiatra peruano radicado en Houston, Efraín Gómez, estaba por dar una charla (y sus, charlas, al igual que sus artículos, son un privilegio de escuchar) acerca de un personaje shakesperiano. Cogí una grabadora y puse Rec. Así se originó este artículo.

A lo largo de los años fui añadiendo cosas de aquí y de allá y para el año 1999 empezó a tomar forma final. Al año siguiente, se lo mostré a un veterano endodoncista muy amigo mío, que era el presidente del Congreso SVE del 2001, para presentarlo allí (después de todo, la media de edad de mis pacientes es de 62 años), me sugirió que presentase un trabajo de postes de fibra de vidrio que también estaba terminando por ese entonces, pues uno de Shakespeare, viejos e intrigas familiares no generaría interés, al menos no en un congreso de endodoncia.

Sin embargo, yo sentía que algo le faltaba al paper y no sabía con exactitud qué. Hasta este año. Le faltaba la dimensión emotiva, humana e íntima; había tratado el tema desde una perspectiva distante y academicista, impersonal. Así que volví a revisar citas, a releer autores y a debatir con la almohada, pero lo que tengo claro ahora es que sólo viendo lo que se ve en el brillo apagado de una mirada senil tranquila consigo misma, se puede comprender lo que el poeta de Avon quería decir con “mariposas doradas”

EL REY LEAR
o la esencia de la ancianidad.

Para Luisa, con muchísimo cariño y aún más gratitud

por Púkel.

William Shakespeare exploró el carácter y la personalidad del hombre en todas sus edades y en sus diferentes dimensiones. Él, al igual que Cervantes (y los demás genios de la imaginación poética de todos los tiempos y lugares), reveló los secretos de la realidad a través de la ficción.

De las tragedias del poeta de Stratford, posiblemente (o en todo caso, para mi gusto) “El Rey Lear” sea su máxima creación, o para evitar el debate inútil, una de sus más altas cumbres; aunque curiosamente, tal vez sea la menos popular. Shelly la compara con las obras maestras de Esquilo y señala que es la pieza más perfecta de la poesía dramática inglesa. En esta tragedia, más que en ninguna otra, se siente el frío del invierno de la vida con todo su rigor, pero también en todo su esplendor.

Efraín Gómez, psiquiatra de la Universidad de Texas en Houston, señala que si bien Sigmund Freud dedicó la mayor parte de sus estudios al desarrollo y problemas de la primera mitad de la vida; en cambio, Carl Jung se interesó más en las crisis de la segunda mitad, cuando el sol de la existencia desciende inexorablemente hacia el ocaso. Durante este descenso, los deseos y temores ya no tienen tanto que ver con los retos de la vida, sino más bien con la cercanía de la muerte.

“El Rey Lear” es la historia de un anciano monarca, que habiendo vivido la mayor parte de su vida con un corazón duro y prisionero de su orgullo y vanidad, tiene la oportunidad de redimirse y renacer espiritualmente antes de morir. Luego de haber sido traicionado, derrotado y ultrajado por sus hijas Regan y Goneril, Lear tiene la suerte de contar con el amor callado, pero verdadero y leal de Cordelia, su hija menor. Este amor se convirtió en bálsamo para el anciano rey, despertando valores espirituales que Lear tercamente se había negado. Cordelia ayuda a su padre a reencontrarse consigo mismo, para luego poder enfrentarse a la muerte con la tranquilidad del redimido.

En unas pocas líneas y con la elocuencia más lograda, Shakespeare pone en boca de Lear (Acto III, escena V) lo que es la verdadera esencia de la ancianidad (*):

No, no, no, no. Come let’s away to prision.

We two alone will sing like birds in the cage.

When you do ask me blessing, I’ll kneel down
and ask you forgiveness.

So we’ll live, and prey, and sing, and tell old tales, and laugh at gilded butterflies.

And hear poor rogues talk of court news,
and we’ll talk with them too.

Who loses and who wins, who’s in and who’s out.

And take upon’s the mystery of things as if we were God’s spies.

And we’ll wear out, in a walled prision,
packs and sects of great ones that ebb and flow by the moon.

No, no, no, no. Ven, vamos a la cárcel.

Los dos solos cantaremos como pájaros enjaulados.

Cuando pidas mi bendición, me pondré de rodillas
y te pediré perdón.

Entonces viviremos y oraremos y cantaremos y contaremos viejos cuentos y reiremos contemplando mariposas doradas,

y oiremos pobres pordioseros contar las nuevas de la corte, y también hablaremos con ellos.

Quien pierde y quien gana, quien está dentro y quien fuera.

Y asumiremos el misterio de las cosas como si fuésemos espías de Dios.

Y prevaleceremos, en una prisión amurallada,
sobre las jaurías de los grandes, sujetos al flujo y reflujo de la luna.

(*) Disculpas por la falta de sutileza en la traducción, pero creo que (por la carga emotiva), mejor que una traducción con peluca del S. XVIII u otra con levita del S.XIX, es esta, hecha por un pedestre (que es diferente a pedorro) dentista -con un ingles balbuceante- del S. XXI.

Oscar Wilde dijo que la experiencia es el cúmulo de nuestros errores y sólo los que saben encontrarse a sí mismos pueden aceptar con serenidad las grandes contradicciones de la vida; la belleza y también el horror de la experiencia humana. Y es envidiable la suerte de aquellos que como Lear pueden alcanzar en sus horas finales una actitud de tan honda comprensión.

Sin duda alguna, la genialidad de Shakespeare pudo capturar lo esencial de la ancianidad y condensarlo en un sólo párrafo. Es extremadamente gratificante ir descubriendo la profundidad, belleza y sabiduría encerradas en estas líneas. Y como sucede cuando se lee obras maestras, una sóla lectura no es suficiente, por lo tanto es necesario leer varias veces este diálogo para dejar de ver las fantasías banales de un anciano que busca paz y tranquilidad en la soledad de su calabozo y poder visualizar la plenitud de entendimiento que alcanza Lear al final de sus días.

CORDELIA: Es por ti, rey oprimido, por quien me aflijo . . .
¿No iremos a ver a esas hermanas, a esas hijas?
Cordelia se refiere a las otras hijas de Lear, sus hermanas Regan y Goneril, las que engañaron, traicionaron, despojaron, ultrajaron y finalmente enloquecieron a su padre. Cordelia desea encararlas, reclamarles y pedirles cuentas. Cordelia es jóven y su juventud justifica esa intención, pero Lear ya hace mucho que ha dejado de serlo y la experiencia y sabiduría recién adquiridas le aconsejan que reaccione de otra manera:

LEAR: No, no, no, no. Ven, vamos a la cárcel.
Cuando un hombre ha vivido las cuatro estaciones de la vida (simbolizadas por los 4 no) y ya se encuentra en el invierno, tal como sucede con Lear, el cuerpo ya no responde como en la juventud: las fuerzas decrecen, la visión se nubla, la agudeza auditiva disminuye y los movimientos se hacen más lentos. En otras palabras, el cuerpo se convierte en una cárcel. Ante esta realidad inexorable, algunos la niegan, otros protestan, hay quienes pretenden burlarla, pero pocos aceptan lo inevitable con el espíritu del Rey Lear, no con resignación, sino con espontaneidad, incluso con una sonrisa. Entrar a la prisión sin lamentos, sin lágrimas ni maldiciones, no empujado, no protestando, sino sonriendo, escuchando el canto del cisne que muere más por amor a la vida y que por miedo a la muerte.

Los dos cantaremos como pájaros enjaulados.
¿Por qué los dos? Obviamente Lear está con Cordelia, pero lo más importante es que al haber Cordelia resucitado con su cariño y ternura, la inocencia infantil tan largamente reprimida de su padre, Cordelia también representa el recuerdo de la juventud que se fue y que regresa para aprender de los errores cometidos. Lear ve en Cordelia más que un cuerpo, un espíritu de una edad más simple, más inocente, el nuevo espíritu que renace en el rey, el alma de niño que renace en el anciano. Efraín Gómez opina que más que Lear y Cordelia, son los dos Lear, el viejo y el joven recién reencontrado. Cordelia es el símbolo de la inocencia, del amor tierno y honesto que el monarca había rechazado. Cordelia devolvió a Lear la libertad a su alma cautiva . . . Y por eso cantan como pájaros enjaulados, porque a pesar de su prisión, son libres.

Cuando pidas mi bendición me pondré de rodillas y te pediré perdón.
Antes, una grandísima vergüenza cohibía al Rey Lear de acercarse a su hija menor, pues la había despojado en favor de Regan y Goneril. Pero Cordelia no sólo lo perdona, sino que lo salva del abismo de odio y rencor en donde había caído. Aquellos , que a pesar de haber llegado a la edad de Lear y no han aprendido a pedir perdón por los errores cometidos (especialmente a la generación a la que preceden) nunca aprenderán la lección más noble de la vida. La bendición que no tiene valor es la que se origina de la soberbia o del narcisismo. La verdadera bendición es aquella que nace de la espiritualidad, la sabiduría y la humildad; la humildad no de un mendigo que suplica un mendrugo de pan, sino la del guerrero triunfante que sabe ser generoso en la victoria.

Esta humildad sabe como arrodillarse y pedir perdón, sin penas ni vergüenzas. En el acto de arrodillarse Lear recibe y transmite espiritualidad, el intercambio más valioso en la relación de dos seres humanos, los cuales liberados del orgullo, convierten su vida en una sinfonía de paz, espontaneidad y riqueza de espíritu.

Entonces viviremos y oraremos y cantaremos y contaremos viejos cuentos y
reiremos contemplando mariposas doradas.
Renovado espiritualmente, Lear se dedica a las ocupaciones fundamentales de la ancianidad: orar, cantar, contar cuentos. . . La oración es la comunión con el pan espiritual de cada día, el vínculo entre lo humano y lo divino, lo transitorio y lo eterno. En Lear el canto es la expresión de alegría que nace del corazón ahora libre, del orden espiritual que se opone al desorden psicológico.

El narrar historias, confesar sueños personales y compartir visiones colectivas ha sido desde la más remota antigüedad la función suprema de los ancianos. Esta misión procura que la sabiduría acumulada por siglos no se pierda y pase de generación en generación. Y el vehículo más apropiado para transmitir esta sabiduría es la leyenda, el cuento, los mitos, pues la fuerza que tienen deriva de las imágenes arquetípicas que contienen.

En las sociedades en que la meta no es envejecer dignamente, sino intentar permanecer artificiosamente por siempre jóvenes (como la Occidental postmoderna de hoy día), la sabiduría (hago hincapié en el término, porque es un lugar común confundir información y conocimiento con sabiduría, especialmente ahora) deja de germinar y florecer.

En “Humano, demasiado humano” Nietzche señala que los sueños recapitulan el pensamiento humano desde su inicio, que los sueños nos llevan a los albores de la cultura y nos ayudan a entenderla. El aspecto simbólico del sueño, del mito y de la leyenda es perdurable y no puede morir, pues llevan dentro de sí la fuerza de su origen, conservando y renovando la sabiduría del inconsciente colectivo.

Por eso, así como es posible llegar al centro creativo de los niños mediante cuentos de hadas y juegos infantiles (Según Bruno Bettleheim este es un rol que la televisión está robando, pero que no puede sustituir,,, y esto también es aplicable a los juegos de computadora o consolas de videojuegos), se llega a la creatividad del adulto a través de los mitos, la literatura, las obras de arte, la música.

Cuando Shakespeare se refiere a risa, está hablando de la risa genuina, aquella que brota de lo más hondo del alma, no de la risa producto del chiste cruel. La risa suaviza nuestras imperfecciones, pues el reconocimiento de nuestra debilidad real nos ayuda a corregir las distorsiones causadas por nuestras propias sobrecompensaciones. La capacidad de reír o mejor aún, de reirnos de nosotros mismos, es una marca de madurez muy depurada: El coraje de ser imperfectos nos hace libres y capaces de reirnos no sólo de nuestras limitaciones, sino también de los absurdos de la vida.

Esta risa, que es de deleite y encanto, encuentra su mejor metáfora en la mágica belleza de las mariposas doradas. ¿Qué mejor símbolo para representar algo que dura poco, pero que significa mucho? La mariposa es el símbolo de lo transitorio y lo eterno. La mariposa nace como un gusano, que poco a poco se convierte en una filigrana alada, y aunque su vida sea efímera, su metamorfosis y su esplendor impresionaron lo suficiente a egipcios y griegos antiguos como para que representasen al alma en forma de mariposa.

Reforzando esto, está el hecho reseñado por Elisabeth Kubler-Ross, la cual señala que tanto niños de corta edad como adultos en situaciones en que la muerte está próxima (campos de concentración, gaseados, fusilados o ahorcados, o en variantes menos directas pero igualmente crueles: hambre, sed, fatiga, maltratos físicos o psicológicos, angustias en una palabra), garrapateaban en los barracones con lo que pudiesen, mariposas volando... y lo hacían la noche previa a su muerte. Ciertamente, los griegos hicieron bien en representar como mariposa la inmortalidad del alma.

Oiremos a los pobres pordioseros contar las nuevas de la corte, y también hablaremos con ellos.

A los actos de orar, cantar, contar viejas leyendas y reír, Shakespeare añade otro fundamental y característico de la ancianidad: la de escuchar. El escuchar en los ancianos, no sólo para lo sublime, sino también para lo trivial; los chismes de los pordioseros, mendigos y vagabundos, cronistas informales de siempre, sobre las nuevas de aquellos que estando en el poder ser creen grandes. Pero Lear no sólo escucha, sino también responde, sin sermones ni lucimientos, con sencillez, con empatía, pues en la frase “pobres pordioseros” no hay matiz de menosprecio.

Y asumiremos el misterio de las cosas como si fuésemos espías de Dios.
Pocas veces se ha descrito un concepto de tanta fuerza, belleza y trascendencia utilizando tan escasas palabras. En esta línea, Shakespeare tal vez se refiera a la responsabilidad final en la vida de cada persona: Cuando se alcanza la sabiduría última, ya no es necesario describir, analizar o interpretar el misterio de la Creación, sólo hay que vivirlo.

Y prevaleceremos, en la prisión amurallada, sobre las jaurías de los grandes, sujetas al flujo y reflujo de la luna.

El Rey Lear prevalece porque es libre, aunque esté cautivo. Lear habla con conocimiento de causa, pues el mismo fue uno de esos grandes a quienes su propia arrogancia, necedad o codicia los hace esclavos, tan esclavos como las aguas sujetas a las mareas. Lear prevalece, incluso frente a un poder que lo amenaza de muerte. En un mundo lleno de intereses mezquinos y huérfano de valores espirituales, la Humanidad encuentra en él el ejemplo del hombre viejo que se reconcilia con la vida, del hombre que se libera de sus yugos internos, de sus vanidades y orgullos y los transmuta en ternura, amor y entendimiento.

Sólo con una transformación de espíritu parecida podremos enfrentarnos con éxito a los males de este nuevo milenio. Así podremos prevalecer sobre la arrogancia del poder necio, las ambiciones desmedidas, la ignorancia atrevida y el egoísmo ciego, que engendran la tiranía, la injusticia, el odio y la guerra. Sólo así prevaleceremos, porque es esta metamorfosis la que verdaderamente nos convertirá en las mariposas doradas del Rey Lear.

Pukel

Gente libre en una Tierra libre

Tags: pukel

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anandryne

Anandryne dijo

Es curiosa tu referencia a la doctora Kubler-Ross, Pukel. ¿Tal vez en tu no tan lejana juventud hiciste exploraciones en lo oculto?

1 Agosto 2007 | 01:06 AM

pukel

pukel dijo

Querida Anandryne, no considero que sea oculto, tal vez un poco aprehensivo (aunque no tanto por la muerte en si, sino por el como me tocará morir, es decir si el evento será doloroso, demasiado prolongado y angustiante o rápido y liberador). Tengo la suerte de compartir mi vida con una mujer que conoce de textos orientales como el "Libro tibetano de los muertos", y ese conocimiento, creo que me ha permitido ver a la muerte como un evento más de la vida, aunque sería un mentiroso si te digo que me ha preparado para "dar el paso". Un abrazo.

2 Agosto 2007 | 11:25 PM

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Seis, como las caras de un dado(y para gente con pasado rolero,no es mala comparacion),son los ciudadanos de esta nuestra querida nacion virtual, por un lado yo(el burro delante, para que no se espante),Mandarache, principe de Dalnia y fundador de la misma,justo detras, descendiente de las furias,la princesa Anandryne, azotadora oficial de herejes,blasfemos y gentuzas varias,Robespierre, Republicano de guardia del principado, junto con el Embajador Yuste, que de cuando en cuando manda misivas con noticias del reino hermano...El siguiente en llegar fue El Virrey Grima,alguien de quien nadie puede decir nada malo...(ni bueno,unos dias despues sus criticos no suelen decir nada). Y por fin, desde las colonias del otro lado del oceano infinito, Pukel, una de esas personas que puede decir sin ruborizarse que se lucra con el dolor ajeno. Image Hosted by ImageShack.us Locations of visitors to this page

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